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Con Olga Guelmes no hay casualidades

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A veces, cuando alguien recibe un diploma u otra condecoración, algunos no le dan importancia y hasta lo cuestionan porque piensan que se debió a la suerte, pero con Olga María Guelmes García no hay casualidades.

Existen razones suficientes para que esta maestra haya sido condecorada en múltiples ocasiones durante sus casi 60 años en el magisterio, a cuya labor se ha entregado en cuerpo y alma.

Ella asegura que fue la Campaña de la Alfabetización, llevada a cabo en Cuba en 1961, la que estimuló su pasión por la docencia, actividad en la que ha sido maestra, asesora, inspectora y metodóloga, entre otros cargos que ha ejercido “con amor”.

Yo vivía en la zona de La Esperanza, un campo cercano a la ciudad de Sancti Spíritus; y allá fue asignado un joven matrimonio de La Habana para alfabetizar, pero un día la esposa se cayó de un caballo y la pareja tuvo que abandonar su labor, recordó a la ACN la destacada educadora.

“Hablaron conmigo para ver si estaba dispuesta a suplir la ausencia de maestros en la zona, y a pesar de mis 14 años de edad no vacilé en responder ante el llamado.

“Comencé aquella empresa y al terminarla sentí gran regocijo por haber enseñado a leer y escribir a siete personas mayores”.

Su actitud se reafirmó cuando el Comandante en Jefe Fidel Castro hizo un llamado para sustituir a los maestros normalistas que abandonaron el país, entonces Olga de nuevo dio el paso al frente al integrar el contingente de maestros populares en 1963.

Durante 45 días estuvo en Ciudad Libertad, en La Habana, en el denominado curso INDER-MINED, y allá conoció al joven Rolando Aluart González, otro sobresaliente educador, a quien se unió desde entonces y formó un hogar, coronado con tres hijos.

Al regresar a La Esperanza se incorporó a la escuela rural multígrado Camilo Cienfuegos, donde llegó a tener hasta 60 alumnos; y en las noches impartía clases en un aula de la Enseñanza Obrero-Campesina.


“No hay cosa más hermosa que al caminar por la calle, niños, jóvenes y muchos que ya están graduados de nivel medio o de la Enseñanza Superior te digan: Adiós, profe…, eso reconforta porque sabe que se ha sentido útil a la sociedad”.


Esta licenciada en Educación Primaria y en la Enseñanza Especial, máster en Ciencias de la Educación, recibió recientemente la orden Lázaro Peña de primer grado, por sus méritos como educadora, condecoración que se une a la de la Orden Frank País de primer y segundo grados, a las distinciones Por la Educación Cubana y Rafael María de Mendive, a las medallas José Tey, y a la de la Alfabetización.

Además, tiene en su haber la condición de Vanguardia Nacional durante 25 años en el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación, la Ciencia y el Deporte, entre otros reconocimientos a su destacada labor como maestra ejemplar, considerada por su colectivo en la Dirección de Educación del municipio de Sancti Spíritus, en el cual es asesora del director, como símbolo humano.

Aunque a sus 72 años de edad no ha pensado en la jubilación, asegura que no le preocupa ese momento porque posee plena confianza en los maestros jóvenes, muchos de los cuales ha ayudado a formar, y siente la satisfacción de que son buenos docentes.