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El regreso de Yoydel, un gladiador pinero de bata blanca (+Fotos)

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El pinero Yoydel Santines Acuña fue uno de los 37 gladiadores de bata blanca que salieron a la arena a dirimir en nombre de la vida un desigual combate contra la COVID-19 y regresó de Turín a Cuba con el deber cumplido.

En la sala de su apartamento, sito en la Isla de la Juventud, el especialista en primer grado en anestesiología y reanimación del Hospital Héroes del Baire, habla a la Agencia Cubana de Noticias acerca de su estancia en Italia, país que en su momento fue epicentro de la pandemia en Europa.

Cómo comenzó todo para quien al ver la realidad de esa nación, deseó con vehemencia ser parte de la primera brigada médica cubana que partió hacia Lombardía a arrostrar la muerte.

Los hilos tejidos por el azar parecen haber condicionado aquella llamada telefónica sorpresiva el 27 de marzo sobre las ocho y media de la noche.

Doctor usted está solicitado para integrar la brigada número 20 del Contingente Internacional de Médicos Especializados en Situaciones de Desastres y Graves Epidemias Henry Reeve: ¿está dispuesto? -no hubo vacilación, por respuesta un sí rotundo- aunque Lisandra Pérez Camejo, su esposa, lo vio consternado.

Una vez en La Habana conoció que Piemonte era el destino, región italiana con un complejo escenario epidemiológico para lo cual los 38 integrantes de la brigada tuvieron que leer mucho y prepararse en materia de bioseguridad, porque en aquel momento se sabía poco de la enfermedad.

Por suerte, entre los compañeros -todos hombres-, 16 estuvieron en África, donde enfrentaron al virus del ébola, quienes nos aportaron muchos conocimientos para encarar al SARS CoV-2, igualmente letal, dice, la premisa fue siempre cuidarnos, y yo le prometí a mi familia y a mis compañeros que regresaría sano, enfatiza.

El 13 de abril sobre las 8.30 de la mañana un boeing con capacidad para 200 pasajeros aterrizó sobre suelo turinés, tanto en el aeropuerto como en el hotel, al recibirnos nos repetían: “Gracias por ayudarnos, por exponerse lejos de la familia por quienes no conocen, eso no lo hace nadie”, aquellas palabras nos comprometieron más, subraya.

Precisa que en Turín había toque de queda, parecía una urbe deshabitada, muchos vehículos evidentemente estacionados hacía mucho tiempo... tristeza absoluta.

Al siguiente día nos llevaron a la residencia donde permanecimos durante tres meses y después fuimos al hospital, emplazado por la fuerza aérea italiana en 15 días con todas las condiciones y equipos médicos de última generación, de los cuales conocíamos solo por literatura, habla animado el galeno.

Cuenta que desde el 19 de abril se dedicaron a recuperar pacientes y debido al halagüeño resultado comenzaron a enviarles enfermos desde otros hospitales.

Mi caso más crítico fue el de una señora obesa, diabética e hipertensa que tuvo trombos en las venas inguinales con riesgo para la vida, motivo por el cual se le suministró anticoagulante. El esposo también contagiado por la enfermedad aprovechaba el menor descuido para ir a acariciarla, hecho que llamó nuestra atención, describe.

Continúa, el día de las madres, escribo en mi traje ¡Felicidades mamá!, en homenaje a las progenitoras de mi familia y me avisan que mi paciente estaba sangrando por la nariz. Cuando la veo, ella y el esposo estaban muy alterados, pero solo fue una pequeña lesión en la nariz y le muestro que todos los parámetros estaban bien para tranquilizarla.

Relata que una enfermera egresada en España, para consolar a la señora le dice: “Mire el doctor la está felicitando porque hoy es el día de las madres”, así aquella mujer pasó de la tristeza a la alegría sin dejar de llorar, cuyo nombre recuerda bien porque es el mismo de su hijita.

En tanto, en Isla de la Juventud, según Lisandra, la pequeña Alexandra despertaba sobresaltada en las noches y preguntaba por su papá.

Yoydel, un ser humano que se devela por su profunda sensibilidad, no puede evitar el llanto cuando recuerda aquella única pérdida, para él todavía inexplicable.

Ella también pudo salvarse, dos días antes estaba muy bien, hace silencio, pero… así es la vida, hizo una complicación de corazón, propia de la COVID-19, intentamos reanimarla … es difícil, el objetivo de mi brigada era cero fallecidos… Ese día no pudimos…, estalla en llanto como si se tratara de un ser querido.

Atendimos 177 pacientes, apaga la voz y ahora el silencio es mucho más prolongado… se salvaron 176, logra balbucear.

Los médicos cubanos no trabajamos por premios, pero sé que hay varias organizaciones internacionales a favor de que se nos otorgue el Nobel de la Paz. Frente a las acusaciones de ser esclavos modernos hemos dicho que si salvar vidas es esclavitud pues somos esclavos de la Salud y cuando te dicen Cuba te llevo en el corazón, no hay premio que se le compare, afirma.

Cuando Laura Pausini -ícono de la música latina en el mundo y en Italia -dio gracias a los médicos cubanos, es porque ella sabía cómo estaba su país y el sacrificio que hicimos nosotros, por ese mensaje estamos infinitamente agradecidos. Habla también en nombre de sus compañeros.

Que uno de tus ídolos en el deporte como Cristiano Ronaldo se tome el tiempo -sin conocerte- de hacerte un regalo es intensa la emoción, hay que vivirla, ríe con la satisfacción de un niño agradecido.

Cuando lo vi aparecer… ríe nerviosa Lisandra, quería abrazarlo, no sabía si podía, pero necesitaba hacerlo -susurra- la niña corrió hacia el papá… cuando los vi abrazados, dije este es el momento que él más esperaba.

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