Sergio Rodríguez Morales, un rostro tras la agricultura sostenible en Cuba (+Fotos)

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A 35 kilómetros de Santa Clara y a 250 de La Habana, el Instituto de Investigaciones de Viandas Tropicales (INIVIT), lidera en Cuba la búsqueda de nuevas variedades de cultivos que hagan posible una agricultura sostenible y de calidad.

Frente al INIVIT, por 48 años, ha estado Sergio Juan Rodríguez Morales, una figura que destaca si se va a hablar en la Isla de primicias agrícolas o de soberanía alimentaria. Por sus manos pasa todo lo referente a la introducción u obtención de noveles cultivares de rizomas, tubérculos, plátanos y bananos y desde allí se provee tradicionalmente la base científico-técnica a las principales cadenas productivas del país.

Cualquier día del año es propicio para que Sergio trabaje: de recorrido por los campos de la institución, en asesorías a los productores que llegan hasta la antigua finca Las Carolinas –donde hoy radica el instituto-; en reuniones en La Habana u otro lugar de la nación en el que sea preciso su criterio acertado.

Ahora, en tiempos de la pandemia de la COVID-19, la labor del INIVIT ha arreciado en cuanto a lo que es considerada su misión principal: la obtención y expansión de semillas básicas de calidad, principio que garantiza hasta un 50 por ciento de la efectividad de las siembras.

Conversar con el también Ingeniero Agrónomo por la Universidad Central Marta Abreu de Las Villas, puede convertirse en una clase magistral referida a la pertinencia de promover en la Isla los cultivos autóctonos y las maneras de acercar la ciencia al productor, el eslabón principal de una cadena que termina en la mesa familiar.

Para Sergio resulta primordial los avances que se logren en el camino de la soberanía alimentaria porque, y sentencia, la independencia política transita por la independencia económica y, hoy día, la independencia económica transita por la independencia alimentaria; una fórmula a tener en cuenta en la ruta trazada para el desarrollo económico de la mayor de las Antillas.

En el INIVIT, en Villa Clara, en Cuba entera, este hombre con aires humildes y verbo oportuno es reconocido y no en vano: es el mismo que ha abogado, durante varios años, por dotar al municipio de un protagonismo real en temas de agricultura, el que sabe que si el agricultor falla es porque los que han tenido que orientarlo no lo han hecho bien, el que se desvive porque en su centro esté garantizada la continuidad que perpetúe la obra, más allá de logros individuales.

Investido en el 2019 como Doctor Honoris Causa en Ciencias Agrícolas por la Casa de Altos Estudios villaclareña, Sergio es uno de los que hoy empuja por fomentar el cultivo de la yuca, vital en la sustitución de importaciones por sus propiedades como alimento animal y porque deviene alternativa en la obtención de harinas para la extensión de otros preparados.

Predica, además, por recuperar la cultura de sembrar malanga en la nación, una planta resistente a sequías y huracanes y que con una estrategia de cultivo bien diseñada podría permanecer en los mercados los 12 meses del año.

Cada palabra pronunciada por él lleva implícita la vehemencia de quien se sabe pleno de razón, de quien confía en lo que dice porque conoce que es posible concretarlo; y es esto precisamente: coronar una realidad tangible, lo que le urge a Cuba para arraigar, de una vez, la agricultura sostenible y de calidad.

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