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Venezuela y Gambia en la vida del doctor Lázaro Lobaina (+ Fotos)

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La medicina resultó siempre una pasión para el santiaguero Lázaro Lobaina Claramunt, quien a sus 32 años atesora experiencias internacionalistas en dos países: Venezuela y Gambia.

Luego de concluir su servicio social en el montañoso municipio de II Frente, viajó a la patria de Bolívar y Chávez, donde permaneció desde 2014 hasta 2017 y tuvo la posibilidad de convertirse en uno de los primeros médicos integrantes del proyecto “Bases de misiones” que, junto al deporte y la cultura, brindó atención general en las comunidades de extrema pobreza.

En diálogo con la Agencia Cubana de Noticias, vía WhatsApp, el galeno refiere la importancia de la colaboración médica cubana para los habitantes de los rincones más empobrecidos del municipio San Francisco de Zulia, puesto que nunca antes vieron a un profesional de la salud llegar a sus viviendas y preocuparse por ellos ni sus familiares.

IMG-20200803-WA0011.jpgPara mí constituyeron vivencias enriquecedoras en los planos personal y profesional, además de reconfortante, en tanto aprecié el agradecimiento en sus rostros, con una sonrisa o palabras en sus dialectos, cuando le consultaba y llevaba los medicamentos a sus casas para los tratamientos indicados, detalló.

En Venezuela se estrenó como docente, pues impartía clases como parte de la formación de los médicos integrales comunitarios, mientras su único hijo- Danilo- crecía al cuidado de la madre y la familia paterna, especialmente de sus tíos Leyanis y Leandro.

Esos años no se recuperan, mas el pequeño sabe cuánto significa la labor de su papá en el empeño para devolver la salud y el bienestar a muchas personas que no cuentan con los privilegios de los nacidos en la Isla.

El territorio venezolano dejó una huella particular en él y su familia, porque días antes de su partida falleció su abuela materna, la responsable de su crianza y educación cuando su madre trabajaba como enfermera en las instituciones de salud de la ciudad; sin embargo, no influyó en su decisión de cuidar a los más vulnerables y necesitados.

Tras su regreso a Cuba trabajó unos meses en el hospital provincial Saturnino Lora, y una vez más le solicitaron su disposición para salvar vidas en otras latitudes; él aceptó, ahora tendría que cruzar el Atlántico hasta Gambia, pequeño país de África, pero con personas amigables y tranquilas.

De los comienzos en la nación africana relata que en el pequeño hospital de Essau solo existían dos especialistas en Medicina General Integral, quienes atendían la maternidad y las salas de neonatología, pediatría y medicina interna, lo cual implicó el manejo de gran cantidad de pacientes a toda hora.

Lobaina Claramunt vive la realidad del Continente Madre y siente el dolor de sus habitantes cuando padecen enfermedades ya erradicadas en su Patria, gracias a los programas de salud establecidos desde el triunfo de la Revolución Cubana en enero de 1959.


Por la calidad de sus profesionales, y el trabajo duro y desinteresado, la colaboración cubana en materia de salud gana la confianza de los nacionales de estos países, tanto que a las consultas de Lázaro en Gambia llegan pacientes procedentes de Senegal en busca del médico caribeño.


A él le compensa contribuir al fortalecimiento de las relaciones Cuba-Gambia, desde su puesto de batalla: ofreciendo atención médica de calidad a todos. Ahora participa en el enfrentamiento a la COVID-19, y le alientan las expresiones de agradecimiento de los gambianos cuando dicen: ¡Qué bueno son los cubanos!


Bien sabe Lobaina Claramunt cuánto duele dejar a la familia, perderse las ocurrencias de Danilo, distanciarse del amor de Ailyn, su esposa, el cariño de sus padres Elsa y Lázaro; y la admiración de sus hermanos y amigos, sin embargo, reafirma la satisfacción por el deber cumplido y demuestra el humanismo aprehendido en la escuela de medicina cubana, hecho distintivo al resto del mundo.

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