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Roger Manuel, otro galeno a quien agradecer su arrojo

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Son muchos los nombres a mencionar cuando se habla de los cubanos que enfrentaron y aún plantan cara a la pandemia de la COVID-19, tanto fuera como dentro de la Isla, y en ese último grupo de valientes está el joven doctor Roger Manuel Pérez Rivas, vecino de la ciudad de Bayamo.

Especialista de Primer Grado en Medicina Interna, trasladó su habitual labor en la sala de terapia clínica del hospital Carlos Manuel de Céspedes -principal institución de salud de la oriental provincia de Granma- hacia el centro de aislamiento de Villa Cautillo, habilitado en el territorio para atender a los pacientes sospechosos de portar el SARS-CoV-2.

Durante 15 días del pasado mes de marzo, cuando el país confirmó las primeras personas afectadas por la pandemia, otras dinámicas engrosaron el quehacer del galeno, quien se confesó entre los más meticulosos en el respeto a las medidas higiénico-sanitarias que impuso el nuevo contexto epidemiológico.


Fueron jornadas de gran tensión, pues durante su estancia allí seis de los viajeros ingresados resultaron positivos al virus, por lo cual los cuidados extremos constituyeron prácticas vitales frente a un padecimiento desconocido a nivel global, afirmó el joven de 28 años de edad.

No obstante, el compromiso de salvar vidas y la responsabilidad con su profesión convirtieron el potencial riesgo de contagio en una experiencia enriquecedora para Roger Manuel.

Debió estudiar con ahínco en busca de los mejores procederes para combatir complicaciones comunes causadas por la COVID-19, como agudización de dolencias crónicas y exacerbación de procesos respiratorios, ambas competentes a su especialidad, narró.

Contó, además, lo reconfortante que fue conocer sobre los aplausos de las nueve de la noche, y no solo apreciarlos a través de la televisión, sino ver a sus pacientes, muchos de ellos débiles físicamente, sacar fuerzas para juntar las manos y agradecer con esa iniciativa la labor de los médicos.

Dichas ovaciones eran alimento espiritual para seguir en la batalla, defendiendo la vida y la profesión que escogí y ejerzo desde hace cuatro años, refirió.

Concluida su faena en Villa Cautillo, correspondió entonces asumir la necesaria cuarentena durante otras 15 jornadas en las cuales estuvo lejos de su amada esposa y su hijo Lucas.

Aunque se comunicaban frecuentemente por vía telefónica, a papá le resultó muy doloroso estar ausente al tercer cumpleaños de su pequeño.


De esa fecha, Pérez Rivas recordó con tristeza la inocencia del niño al preguntar el motivo de la distancia, para él incomprensible.
A mí me encanta ser médico, las horas de trabajo no las contemplo como tal, porque cuando uno se dedica a hacer lo que ama, el trabajo es disfrute pleno, expresó.

"Lucas celebrará otros aniversarios y quiero festejarlos junto a él, pero antes resulta imprescindible que las personas tomen conciencia del riesgo, porque el SARS-CoV-2 continúa activo en Cuba, y el arma suprema para combatirlo es la prevención.
"No descuidar ninguna de las medidas higiénicas resulta esencial para evitar posibles rebrotes, pues la COVID-19 y confianza son las mejores amigas", alertó.


Como muestra de la gratitud de Cuba a su noble quehacer, Roger Manuel fue el primer médico de Granma en recibir la condición Jóvenes por la vida, galardón que de manera excepcional otorga este 2020 la Unión de Jóvenes Comunistas a quienes se destacan en el combate contra la pandemia.

Su mayor satisfacción sería ver a su Patria libre de la mortal enfermedad, no obstante, expresó orgullo al momento de recibir el estímulo, porque para un revolucionario todo mérito reconocido constituye acicate.

Finalmente llamó a lograr coherencia total entre la labor del sistema cubano de salud y el accionar responsable de la población. Sólo así ganaremos la batalla de una vez por todas.