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Irene aprendió de joven a amar la Refinería y hoy es su directora general (+Fotos)

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La ingeniera química Irene Barbado Lucio, de 43 años y directora general de la Refinería de Petróleo Hermanos Díaz, en la provincia de Santiago de Cuba, nunca imaginó tener esa responsabilidad en una empresa de la que rechazó su ubicación una vez egresada de la Universidad de Oriente, en 1999.


Diferentes pretextos argumentó entonces, ya que había hecho prácticas en el centro, con hombres mayoritariamente, y prefería otros de la Industria Alimentaria donde también estuvo, con condiciones diferentes e incluso, más agradables a la vista, según confesó.


Su boleta de ubicación solo le dio dos opciones, en ningún caso de su agrado, y luego de varios intentos por cambiarlas tuvo que decidirse por la entidad que hoy dirige.


Pasada la primera quincena de septiembre se presentó, siendo asignada a la planta Combinada 2, fundamental en esa industria, y a su alrededor no tuvo ninguna mujer que la consolara por estar la tecnóloga de vacaciones.

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Irene optó por sentarse, casi llorando, en la sala de compresores, donde permaneció en una silla durante 15 días, sus ocho horas de labor.

Al regresar el director de refinación de sus vacaciones, la joven tuvo acceso a su oficina y con su apoyo y comprensión comenzó a aprender con los operadores, en especial un jefe de brigada de mucha experiencia, llegando a estar dos años en esa planta, considerada por ella la base de su futura formación profesional.

En el 2001 pasó al Grupo de Tecnología, le siguió la licencia de maternidad por su primer hijo y al reincorporarse se mantuvo en ese frente hasta ocupar la jefatura de este grupo técnico, estrechando a partir de ese momento los vínculos con Magalys González, directora general, de quien mucho aprendió.

Esta ya sabía de las cualidades de Irene y la incorporó a su reserva de cuadros, de cuatro jóvenes visualizados con ese fin.

El grupo visitó refinerías del país, realizó una pasantía en la República Bolivariana de Venezuela y fue parte de un programa de capacitación en la Industria del Petróleo organizado por la Unión Cupet, además de tener ella la oportunidad de cursar la Maestría en Ingeniería Química.

Dada una situación surgida en el 2011 debió cubrir, aunque de forma temporal según se le dijo, la dirección de la Unidad Empresarial de Base de Logística y Almacenes; y en el 2018 recibió la propuesta de la dirección general, siendo la tercera mujer en forma consecutiva en ese desempeño en una industria que opera desde 1957 y fue intervenida y nacionalizada con la Revolución.


Próxima a los tres años de asumir el desafío, confiesa que no deja de aprender de los veteranos y también de los jóvenes y que, de una forma no explicable con palabras, encontró la belleza de esa industria.

Para ella el funcionamiento le es familiar, pero las condiciones actuales son complejas por el déficit de materia prima y el convulso mercado internacional que impone redimensionar a cada momento tareas, unido a las limitaciones de recursos por el bloqueo económico, comercial y financiero arreciado por los Estados Unidos.


Bajo su dirección tiene 712 trabajadores y de ellos 597 son hombres, y aunque al principio esa fuerza mayoritaria le hizo rechazar en cierto modo el centro, hoy resulta todo lo contrario ya que trabaja cómoda en ese ambiente e interactúa a base del respeto y la consideración en todas las generaciones que coexisten en el lugar y niveles profesionales.

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Asegura contar con un consejo de dirección fuerte y cohesionado, que de 24 integrantes, ocho son mujeres y cinco con cargos de dirección, incluida ella.

Irene y su ámbito familiar

Irene llega a la refinería habitualmente a las 7:00 am y siempre se va después de las 7:00 pm, ya que debe estar atenta a la situación operacional por ser la industria que garantiza la disponibilidad de combustible en el destino final: la población, para la generación de electricidad, cocción de alimentos y la vitalidad de los centros de producción y servicios que benefician a la sociedad.

Por eso aunque esté en casa tiene por lo general la mente allí, pero ha sabido crecerse en la atención de sus dos hijos varones de 10 y 14 años, Diego y Félix Alejandro, y al esposo.

Claro está, sin sus padres no hubiera podido ser la directora general y aunque no viven juntos cada uno desde su lugar la apoya.

Hay cuestiones que no delega en ellos como la atención a la escuela, las reuniones de padres, los trabajos extraclases, los repasos para los exámenes y la interacción con los amigos de sus hijos, sobre todo del mayor, entrando ya en la adolescencia.

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En el hogar, las tareas domésticas son compartidas por los cuatro, aunque en ocasiones tengan que reflexionar juntos para lograrlo, y hasta que la casa no quede limpia y en orden, algo que mucho se exige Irene, no hacen alguna salida los fines de semana.

Fuera de la refinería, lo que más disfruta es el hogar y la familia, fuente de su fortaleza.

El cansancio se hace sentir en ocasiones, pero no faltan los encuentros de madre e hijos en las noches, breves pero intensos, vitales para emprender el siguiente día.

Cuando llega a su centro sabe que la espera un colectivo de refineros presto a buscar la mejor salida a los imprevistos que surgen, casi a diario, por las características de esa industria.

Todas esas tensiones no le quitan la sonrisa y dulzura al rostro de Irene, una mujer de cuerpo menudo pero fuerte, que lloró cuando fue ubicada allí siendo muy joven, pero que se fortaleció en todo el camino andado, sin lágrimas, demostrando que con las mujeres siempre habrá que contar.