Franklin Padrón Fundora: Yo amo la tierra (+Fotos)

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Al término del cumplimiento del Servicio Militar General, a un grupo de combatientes les propusieron varias opciones para garantizarles empleo en su provincia de origen, pero solamente uno optó por dedicarse al cultivo de la tierra: Franklin Fundora Padrón.

Cuando levantó la mano para involucrarse en eso de preparar el suelo, sembrar y cosechar, sus más allegados en una unidad militar de La Habana empezaron a cuestionarle tal decisión; pero como no fue por una inspiración del momento, sino por convicción, Franklin hizo caso omiso a quienes le dijeron que si “estaba loco”.

Y es que el joven tiene origen rural, en el distante sitio conocido por El Indio, en el sureño municipio de Amancio, en Las Tunas, a unos 740 kilómetros al este de la capital cubana, una comarca cuyo nombre recuerda a La India, país que los visitantes lo relacionan con Franklin por la piel cobriza de sus nativos.

“En El Indio crecí y conviví hasta buena parte de mi juventud, en un ambiente campestre, rodeado de arados , bueyes, azada y machetes, y sobre todo de hombres que desde bien temprano sudaban la camisa para explotar la agricultura. Por todo eso amo la tierra, dice el joven de 24 años a la Agencia Cubana de Noticias.

“En el Servicio era chofer de ambulancia y aunque considero que es algo muy importante y con grandes posibilidades para asegurar empleo, pensé que lo mío estaba en la tierra. De ahí que cuando llegué a Amancio, me fui para Las Tunas en busca de una tierra en usufructo que me habían propuesto.

“Ya en Las Tunas no faltaron los que también me decían que si estaba loco si aceptaba una hectárea tan abandonada, llena de malezas, donde existió un área de cultivo protegido y que en tales condiciones nadie se atrevía a hacerse cargo. Pero no me amilané y comencé a desmontar árboles perjudiciales y a botar escombros y desechos. Y en eso estuve durante cinco meses.

“En todo este empeño tuve a mi padre Ángel, como mi principal aliado y animador, pues, además de ser ingeniero agrónomo, durante muchos años se dedicó a la agricultura urbana”.

Ahora es el líder de un organopónico, Las Brígida, en el cual se ha adentrado por las enseñanzas de su progenitor y por lo que ha aprendido sobre la marcha.

Desde entonces tiene resonancia popular, pues a pesar de estar en la orilla de la circunvalación, lejos de la ciudad, todos los días acuden allí personas de distintas comunidades para adquirir tomate, pepino, berenjena, ajo porro, lechuga, rábano, ají pimiento, ají chay, cebollín, frijolitos de ensalada y otros productos que les suministran de otras unidades para ser comercializados como puré de tomate, ajo, mermeladas en conserva y condimentos.

Mientras el jovencito suministra informaciones precisas en un pequeño local a modo de oficina, en una de sus paredes cuelga un diploma que reza: Mejor Huerto Intensivo del municipio de Las Tunas en 2019, reconocimiento que no solamente obedece a la prosperidad y los frutos obtenidos, también por todo lo logrado sin productos químicos, sino con medios biológicos.

Además de tener de reserva una apreciable cantidad de tierra vegetal , tiene sembrados albahaca y orégano, utilizados como repelentes, y dispone de tabaquina y residuos de ramas del árbol del Nim, para combatir los insectos.

Con Franklin laboran en la tierra otros cinco jóvenes, que reciben el pago por los resultados. “ Todos nos sentimos a gusto porque salimos bien económicamente y por la forma de organizar el trabajo y el trato recibido”, dice Luis Ernesto Molí Francis, de carácter jocoso y entusiasta que parece ser el líder de los labriegos.

A la par de las labores agrícolas, dos muchachas se encargan de atender a los clientes, no sin antes pedirles afablemente el lavado de las manos con cloro y agua al entrar al expendio, y de mantener distancia en la fila para adquirir los productos. Y tampoco olvidan, por supuesto, el nasobuco.

Y para entrar a las áreas de cultivo hay que rodar la suela de los zapatos sobre cal viva para evitar contaminación.

Ya Franklin logró un propósito inicial. Ahora su mirada tiene mayor alcance y señala para un espacio contiguo a la oficina y afirma: “aquí voy a levantar un ranchón para el fomento de plantas ornamentales”.

Son muchos los que se interesan por los girasoles sembrados en la pequeña finca, pero no se comercializan. Esa planta, con su atractiva flor, se integra al embellecimiento del organopónico, porque para Franklin esa es su otra casa.

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