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Santiaguera renace casi a los 60 años y lo hizo en una casa nueva (+ Fotos)

 

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La santiaguera Yolanda Paredes es de los tantos cubanos y cubanas agradecidos a la Revolución y a Fidel, y en su caso por partida doble.

Primeramente les debe estar viva luego de sufrir el síndrome de Guillain-Barré por enfermar del virus del zika en el 2018, que la tuvo al borde de la muerte durante 59 días en la sala de terapia intensiva del Hospital Provincial Saturnino Lora, donde recibió una esmerada atención médica.

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El otro agradecimiento es por recibir una confortable vivienda en la barriada de San Pedrito, en la ciudad cabecera del oriental territorio.

Vivían Yolanda y su familia en una casa en pésimo estado constructivo, con un núcleo de siete personas, y estaba en el listado de quienes se beneficiarían con el proyecto de rehabilitación integral en esa comunidad, iniciado en 2010.

En espera de ser llamada, ya que delante tenía familias con situaciones más precarias que la de ella, enfermó; pero la suerte estuvo a su favor en esa mala pasada que le jugó la vida.

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Al recibir el alta en la unidad asistencial requirió de la rehabilitación en la sala de fisioterapia del policlínico del Centro Urbano José Martí, donde tuvo un esmerado tratamiento al punto de no quedar secuela alguna a la vista de quien la ve por primera vez y desconoce el mal que sufrió.

En ese período de recuperación llegó la buena noticia de que la dirección de vivienda del Distrito Uno en ese centro urbano, de conjunto con la comisión creada en la comunidad que otorga la prioridad de los casos, le asignó a su familia dos apartamentos por la composición del núcleo.

Ahora, en enero hace justo un año, se mudó a un edificio con el sistema constructivo forsa, de tres plantas en la Avenida Crombet, con su hija Yolaisis Portuondo, quien espera un bebé.

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Nació y creció Yolanda en San Pedrito y allí formó su familia con dos hijos. La hembra, Licenciada en nutrición; y el varón, trabajador del puerto Guillermón Moncada.

Esta operaria dulcera que debió jubilarse por la enfermedad contraída, no se cansa de agradecer a la Revolución doblemente, por volver a nacer casi a los 60 años y hacerlo en una casa nueva.