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Febrero Lunes

Tirso Tur, un guantanamero que respondió al llamado de Fidel (+ Fotos)

 

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Tirso Tur Rivera nació en Felicidad de Yateras hace 77 años y se resiste a admitir que entonces mereciera llamarse así ese paraje, localizado en lo más intrincado de las serranías de Guantánamo.

La mayor parte de los recuerdos de la infancia de este economista guardan relación con la miseria imperante antes del triunfo de la Revolución en esa localidad, hoy un Consejo Popular de importancia relevante en la producción agrícola del Alto Oriente Cubano.

Confiesa el entrevistado a la ACN que si tuviera vocación literaria o periodística publicaría un libro “que me ha dado vuelta una y otra vez en la mente, y cuyo título sería Cuentos de Felicidad”.

Dice que dedicaría uno de sus capítulos al “vale”, una aberración de la etapa prerrevolucionaria que incrementaba las diferencias, los sufrimientos y las humillaciones de una buena parte de la población de las zonas rurales, “de las cuales mi pueblecito no era la excepción”.

Aclara que esas cuatro letras identificaban al “documento” expedido por el dueño de finca “a favor” de uno de sus trabajadores, para adquirir mercancías en una tienda determinada, donde el emisor disfrutaba una cuenta o crédito comercial.

Esa práctica, hoy desconocida para los jóvenes, “sustituía” al dinero en efectivo que debía abonarse al obrero agrícola o campesino, explicó.

Evoca que al poseedor del papelito, por lo general equivalente a menos de un peso, estaba prohibido adquirir a su gusto las mercancías por su calidad y precio: el acceso se restringía a un rango o nivel de productos, según el arbitrio del dueño del establecimiento.

Tan humillante era ese “hago constar” (del cual el hacendado guardaba copia), que transformaba al depositario en cliente de segunda categoría: debía esperar a que terminaran su compra los que disponían de dinero contante y sonante, para hacer él la suya”, declara el guantanamero.

Enfatiza que a ese vía crucis se añadía el riesgo de perder el puesto al que incurría en ausencia, incluso si los ríos y arroyos crecían y no daban paso.
Tur Rivera hace 59 años respondió al llamado de Fidel para formar contadores agrícolas y considera esa decisión como la más importante de una vida dedicada a la rama económica.

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Jubilado, profesor-activista de la Escuela Municipal del Partido e integrante fundador de la Asociación Nacional de Economistas y Contadores de Cuba (Anec), mantiene el mismo entusiasmo por la ciencia en que brilló Carlos Marx, que cuando en febrero de 1961 acudió al Instituto Técnico Militar de Holguín, para cumplir con la encomienda del máximo líder de la Revolución.

Había que realizar esa tarea de formarse como contador agrícola, especialidad imprescindible para el país, entonces inmerso en la creación de las granjas del pueblo, en las cuales era relevante, como en cualquiera otra esfera, garantizar el control económico y contable de la gestión productiva.

Era indispensable para incorporarse a la iniciativa ser bachiller o estudiante de las antiguas escuelas de comercio, y Tur Rivera cumplía el segundo de los requisitos, además de pertenecer a la Asociación de Jóvenes Rebeldes, organización que antecedió a la Unión de Jóvenes Comunistas. Restaba una década para su ingreso en las filas del Partido Comunista de Cuba.

Evoca que “tuvimos que coronar en cinco ocasiones al Pico Turquino y prepararnos militarmente, en momentos en que la Patria corría mucho peligro”.

El contingente de jóvenes asumió, simultáneamente con la asistencia a las aulas, el canje de dinero que llevó a cabo el país –rotundo golpe a la contrarrevolución- y la participación en concentraciones y movilizaciones en Holguín, Santiago de Cuba y en La Habana.

Una vez egresados contribuyeron a la transparencia de las acciones contables en las granjas del pueblo y su radio de acción, como les había orientado Fidel al resumir el acto de graduación del curso, efectuado en el hotel Habana Libre, a fines del año citado.

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Posteriormente, subraya el entrevistado, volvió a ver al Comandante en Jefe durante sus estudios de Licenciatura en Economía, en la Universidad de Oriente, para la que fue captado entre varios compañeros encargados de la contabilidad en aquellas estructuras agrícolas, cuando se inauguró en Santiago de Cuba el Combinado Industrial 30 de noviembre.

Al culminar los estudios universitarios, en 1970, le asignan en la antigua región de Guantánamo varias responsabilidades, incluida la de jefe del departamento que atendía en el Comité Provincial del Partido a los órganos globales de la economía, función en la que permaneció 18 años, para asumir, entre otras, la de delegado del Comité Estatal de Precios en 1988.

Para él la actualización del Modelo Económico Cubano es la tarea inmediata y protagónica de la Revolución y la convocatoria al VIII Congreso de la Anec constituyó un punto de apoyo para impulsarlo, al disponer la organización en el archipiélago de casi 80 mil asociados, de los cuales más de tres mil son guantanameros.

El actual miembro del Comité Provincial de la Anec y su vicepresidente en el municipio de Guantánamo confiesa que se mantiene activo, porque ”con mi experiencia puedo aportar algún beneficio a las nuevas generaciones de economistas y contadores, en instantes en que nuestra labor la ha reconocido en diferentes espacios el Presidente de la República de Cuba, Miguel Díaz-Canel Bermúdez".

Se considera un ser privilegiado, al recordar que en su infancia recogió café y desyerbó maíz, entre otras tareas agrícolas en las guantanameras serranías de Felicidad de Yateras, y a pesar de su origen humilde, la Revolución le abrió un futuro luminoso, las aulas de la universidad y a una vida digna que comparte con los mellizos Leonid y Alejandro, choferes en entidades estatales (nacidos en 1982) y el menor, Ernesto, graduado de la Universidad de Ciencias Informáticas.