Un olvidado descubridor de la zoología cubana

Pajaro Carpintero Real, ave de los antiguos montes vírgenes de Cuba.

Después de un supuesto y jamás corroborado avistamiento en Arkansas, Estados Unidos, a principios de 2004, y de una breve referencia en Internet  cuatro años más tarde, nada se ha sabido ni dicen los periódicos sobre el Carpintero Real (CR), ave de los antiguos montes vírgenes de Cuba.

Tampoco se escucha con la frecuencia que debiera el nombre de Juan Cristóbal Gundlach,   naturalista alemán quien conoció de la existencia del también llamado Carpintero Pico de Marfil y en 1870 capturó los dos primeros ejemplares.

Escasa información sobre su posible extinción –la tragedia más grande que puede ocurrir en la naturaleza-,  aportaron los científicos cubanos y norteamericanos  que entre el sábado 17 de octubre y el cinco de noviembre del pasado año protagonizaron una expedición al Parque Nacional Alejandro de Humboldt (PNAH), Patrimonio Mundial de la Humanidad.

En esa área protegida se avistó por última vez al científicamente denominado Campephilus principalis bairdii.

Los expertos realizaron un inventario intensivo de algunos grupos de vertebrados e invertebrados, la mayoría endémicos, y estuvieron en Ojito de Agua, sitio donde el biólogo  Giraldo Alayón García, del Museo Nacional  de Historia Natural de Cuba (MNHN), vio de acerca al carismático pájaro y escuchó sus trinos, parecidos al de una corneta china.

El también curador  del MNHN, contempló el  16 de marzo de 1986, durante varios minutos una hembra adulta perseguida por una pareja de caos (Corvus nasicus), en el sector noroccidental del PNHA, tres días después de que su colega Alberto Estrada experimentara lo mismo cerca de ese sitio.  

Pero en  el intercambio que sostuvieron con la prensa, a su regreso del PNAH, entre los pormenores relatados no hubo alusión alguna al  captor de la enigmática avecilla,  de cuyo fallecimiento se cumplen hoy 100 años.   

Gundlach  también colectó una de las aves más asombrosas de Cuba, el zunzuncito o pájaro mosca, que denominó Calypte helenae en honor de la esposa de su amigo cubano Carlos  Booth, muerta en una epidemia de cólera del año 1850.

Nacido  en Marburgo,  en 1910 , se graduó en 1837 de Doctor en Filosofía en la Universidad de  esa ciudad, donde su padre era profesor de matemática y física. Carlos Booth, un amigo cubano, regresaba a su patria después de concluir sus estudios en Alemania y  lo invitó a venir a Cuba, escenario inigualable para su pasatiempo científico favorito: coleccionar aves.   

Llegó el cuatro de enero te 1839 a la ínsula caribeña y se trasladó  a hacienda cafetalera “El Refugio” de San Juan, lugar cerca  de Cárdenas, Matanzas, donde radicaba el hogar de los Booth.

Viajó a Europa en 1866 por corto tiempo. También realizó en esos años varios recorridos por Puerto Rico, donde investigó su fauna, el último de los cuales fue en 1875, regresando siempre a Cuba. En esa década tuvo que interrumpir sus incursiones científicas a la Isla, debido a la gesta independentista iniciada el 10 de octubre de 1868.

Aunque no se le ha concedido como a Alejandro de Humboldt, Fernando Ortiz,  o Antonio Núñez Jiménez, ninguna condición ni orden que lo avale como uno de los primeros descubridores de nuestro archipiélago, escribió el primer gran trabajo sobre las aves de Cuba, Ornitología Cubana, y también otras obras importantes para la zoología de la nación.

Su nombre se registra en las denominaciones científicas de más de sesenta especies y en los diplomas que lo avalaron como Miembro de Mérito de la Real Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana, e integrante de la Real Sociedad Económica de Amigos del País, y de la Sección de Ciencias Físicas y Naturales del Liceo de Matanzas.

Se considera a Gundlach como el iniciador en Cuba de la entomología agrícola, y una sección de su colección de insectos está integrada por himenópteros, coleópteros y lepidópteros perjudiciales a los cultivos.

Sus colecciones (cinco mil 497 especímenes, de mil 705 especies, 993 géneros, 63 familias y nueve órdenes) pasaron en 1960 al museo Felipe Poey de La Habana, y luego al Instituto de Zoología (de la Academia de Ciencias de Cuba), antecedente del Instituto de Ecología y Sistemática, adscrito hoy al Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente.

Se conserva todavía un catálogo manuscrito por él con las descripciones de especies y otros detalles muy completos, incluyendo quienes fueron los descriptores del material, que en un 60 por ciento son especies solo registradas en Cuba, donde falleció el 17 de marzo de 1896.

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