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Idalia no tiene secretos

Idalia Pérez, campesina de Villa Clara

Idalia Pérez es una campesina de Villa Clara, delgada, pequeña, grácil y simpática.  En su vida de 85 años lo que  más ha hecho es trabajar para apoyar a la Revolución.

No se considera presuntuosa pero sí se enorgullece de ser la primera mujer en Cuba presidenta de una Cooperativa de Producción Agropecuaria, la cual ayudó a fundar.

Conversar con ella es fácil. Su lenguaje coloquial cautiva desde el primer momento. Con anécdotas y recuerdos relata su historia que es larga, porque comenzó cuando era muy pequeña y prefería ir al campo con el padre para cooperar con los sembrados y el cuidado de los animales.

Recuerda que ya casada y con dos hijos, se empezaron a fundar en el país las primeras cooperativas de crédito y servicios. Ella y su esposo, Sixto Alba, se afiliaron a la Abel Santa María, en la finca La Margarita, en Santa Clara, donde todavía vive.

En ese momento era la organizadora de la entidad y durante el quinto Congreso de la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños (ANAP) escuchó a Fidel Castro y José Ramírez, entonces presidente de la organización, hablar de la necesidad de constituir las Cooperativas de Producción Agropecuaria (CPA).

“Eso me llenó de energía, entendí de inmediato la necesidad de dar vida a ese tipo de entidades agropecuarias, en las cuales los socios aportaran sus tierras y lograran una producción social .

“Entonces fue cuando comenzó mi verdadera batalla a favor de la Revolución. Me dediqué por completo a recorrer los campos y conversar con los campesinos para que entendieran la importancia de esa decisión.

“En un día podía andar entre 15 ó 20 kilómetros, como transporte usaba una yegua muy mansa, y eso me identificó hasta fuera de la provincia”.

Su esposo compartía el amor a la tierra y apoyaba como podía,  en las tareas que ella dejaba atrás en su diario bregar por la campiña.

Luego de mucho andar y conversar, el cuatro de junio de 1978 se constituyó la CPA  Antonio Maceo. Idalia asumió el cargo de presidenta, que desempeñó hasta 1990, cuando la entidad se disolvió para fundirse con otras dos cooperativas.

“Iniciamos el trabajo 18 personas en seis caballerías, luego llegamos hasta 62 miembros y mantuvimos una producción estable de caña, viandas, granos, y también en la ganadería”, recuerda.

Reconoce Idalia que la faena del campo no tiene misterio alguno, solo debe ser regido por principios básicos como la organización, exigencia y disciplina.

Aclara que se necesita motivar a todos, para que cada jornada sea sinónimo de felicidad y complacencia.

Presume con orgullo ser fundadora de  la ANAP, la Federación de Mujeres Cubanas y los Órganos del Poder Popular.  

La felicidad se desborda por su mirada diáfana cuando recuerda el día que conoció al Comandante en  Jefe Fidel Castro en el Tercer Congreso de la FMC, al que asistió como invitada.

“En el intermedio, Fidel se dirigió hacia mí y comenzó a preguntarme sobre la cooperativa, cómo funcionaba y qué resultados teníamos, también  elogió que en la dirección tuviéramos cinco campesinas.

“Volví a verlo-reseña- en otras ocasiones, entre ellas en 1987 en un congreso de la ANAP.  Siempre tuvo  tiempo para preguntarme sobre los rendimientos cañeros que alcanzábamos, cómo estructurábamos el trabajo y muchas cosas más.

"Esos encuentros son inolvidables, es un orgullo sin igual que un hombre como Fidel tuviera tiempo para conversar con una guajira casi analfabeta como yo. Esa humildad lo hace más grande todavía".

Idalia mantiene la fe en la prosperidad y el futuro de Cuba. Está segura de que los jóvenes, ahora instruidos y cultos, llevarán al país más lejos de lo que pudo hacerlo su generación, marcada por la miseria y el dolor que imperaban en la campiña antes del triunfo de la Revolución.

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