Consuelo, otra forma de pasión por la bondad

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Consuelo Císcar Casaban pertenece a esas huestes, que asumen, cuando lo amerita, afrontar la vida retando lo físico y lo espiritual.
  Muchos afirman, y en eso concuerdo, que si dejaran una sola palabra para definirla, esa sería pasión.
  Con virtudes y defectos, como todos los humanos, esta valenciana guerrera hace más de dos décadas que se mueve en Cuba como en casa propia.
  Es una de las pocas personalidades “de afuera” a la que el Ministerio de Cultura de la República de Cuba confirió la Distinción por la Cultura Nacional.
  Cuando viaja a La Habana su agenda es infernal; no le alcanzan las horas para tratar de cumplir con las exigencias de los sinceros afectos,  para compartir, aunque sea un  menguado rato junto a sus amigos fieles y para que germinen las iniciativas, pululantes en su cabeza,  que como nuevos lazos  anudan más las corrientes espirituales iberoamericanas.
  Vinculada al universo del arte desde los años 60,  dinámica gestora cultural, curadora y crítica de arte, una de sus grandes vocaciones es la de tender puentes entre las dos orillas del Atlántico,  con el mítico Nuevo Mundo para los europeos y especialmente con Cuba.
  De las Bienales de La Habana, afirma que a diferencia de otras en el mundo,   tienen  una orientación marcadamente social,  pensadas para la calle y el género humano.
    Habitual en la capital cubana desde la I Bienal, dice que se ha relacionado desde entonces con personas muy talentosas y entregadas, incluida la mítica bailarina de ballet Alicia Alonso, Consuelo señala que desde entonces ha visto ir creciendo una gran ola de creatividad y admira sobre todo a los artistas cubanos porque desde la precariedad material en muchos casos, realizan propuestas que tilda de excepcionales en cualquier parte.
    “Me emocionaba en el Malecón cuando veía todas esas obras artísticas, como se interrelacionaban las gentes con ellas; me parecía que eran Las Fallas de Valencia, famosas fiestas cuando la gente se echa fuera de las casas a ver los castillos,  monumentos,   proyectos artísticos y escuchar las mascletás, disparos pirotécnico que conforman una composición muy ruidosa y rítmica que se lanzan  en plazas y avenidas, normalmente durante el día.
  Sobre el concepto de esa edición de la Bienal,  Entre la idea y la experiencia, lo cataloga de  muy importante, de fantástico,   porque integra a los autores jóvenes con los experimentados en igualdad de condiciones.
    Esta vez y a propósito de la XII Bienal de La Habana, su proyecto Conexiones cartográficas, constituye el único en la mega exposición Zona Franca,  de arte contemporáneo cubano, que incluye artistas de otras latitudes.
  “Pienso que La Habana tiene una cosa mágica;  Cuba es una isla, donde casi todos conocen de deportes y para esta ocasión quería que mi iniciativa tuviera un fuerte componente social y decidí aunar el trinomio perfecto de agua, arte y deportes”.
  “Sería –abunda-  armonizar la fuente la vida, el agua, con el arte que llena a los individuos  de sentimientos y emociones y el deporte, que implica la fuerza y los retos y todo en un ambiente público donde las gentes puedan interactuar con ellas”.
   A  Conexiones cartográficas la integran 10 fuentes esculturas, realizadas por los artistas españoles José Cosme, Teresa Cháfer, Natividad Navalón, Nanda Botella, Demo y Alberto Bañuelos,  del angolano-portugués Julio Quaresma, la angolena Sonia Lukene y los cubanos José Villa y Alexis Leyva Machado (Kcho), quien emplazará la suya próximamente.
  Resulta simbólica esta iniciativa porque precisamente la fortaleza San Carlos de La Cabaña, la mayor construida, entre 1763 y 1774 por el ingeniero militar Silvestre Abarca,    fue la mayor del imperio hispano en América.
  Tanto costó a las arcas coloniales, que el rey Carlos III  decía que podía verla desde las ventanas de su palacio en Madrid y devino símbolo imponente del pasajero poderío de esa corona.
  Consuelo, ahora  ha   sintetizado un componente esencial    de la identidad de los pueblos de la América Nuestra, sus principales raíces entre las muchas existentes (la africana, la europea y la propiamente americana).
  Por añadidura, cada creador emplea el agua de manera distinta y en consecuencia cada obra posee su propio sonido: un burbujeo, una corriente continua o un murmurío.
  Consuelo quiere hacer viajar esta propuesta por otros países latinoamericanos, como working process  (proceso de trabajo),  abierto a que en cada lugar se incorporen artistas locales, aporten, reflexionen, discutan, se enriquezcan mutuamente…
  Entre sus proyectos inmediatos, confiesa que el preferido es el vinculado con Latinoamérica. Está inmersa en organizar la XV edición de Diálogos Iberoamericanos, un foro donde debaten temas de interés común, directores de museos, críticos de arte y otros especialistas, previsto para ser desarrollado en Santo Domingo, donde también prepara una exposición   relacionada con las fotografías de Andy Warhol y Robert Mapplethorpe.
  Con su carta de ciudadanía espiritual cubana; ojalá  que por muchos años más pueda uno encontrar a esta valenciana intrépida en cualquier plaza, esquina o recoveco de su Habana querida.  (Por Octavio Borges, AIN)

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