Celante o la simplificación del real dilema humano

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Máscaras impermanentes,  colección de fotografías del brasileño Alessandro Celante, como parte de la exposición Interaction, la única solo de artistas extranjeros invitados a la XII Bienal de La Habana, cuanto menos, resulta inquietante, de una rara poesía y flotante belleza, que pone a quien la observa justo en ese esencial dilema humano, entre vida y muerte.
  Este artista de Sao Paulo sin melodramatismo, tremendismos ni poses de quien encontró la piedra filosofal  simplifica ese problema esencial, al mínimo.
  Su muestra que para la mayoría pasará desapercibida, porque es una colateral en la Facultad de Artes y Letras de la Universidad de La Habana, dentro del fárrago trepidante de esta fiesta del arte, los sentidos y la inteligencia en La Habana, merece atención y que nos detengamos ante ella.
  Tema tan peliagudo, confiesa  el artista,  que solo se puede asumir con las personas más allegadas y queridas, en su caso sus familiares más cercanos, quienes lo comprenden y acogen como en un estrecho abrazo.
  Solo si se quiere mucho y se confía, se accede a que lo sumerjan a uno en una bañadera colmada de hielo seco para tomar una fotografía de su rostro con los ojos cerrados, como si se estuviera muerto.
  A las imágenes que capta, Celante las  imprime, en blanco y negro, sobre telas transparentes, que cuelga como banderolas de la parte superior y las deja flotar y entre esas imponentes gigantografías el público puede circular, apreciarlas deesde diversos ángulos  y tocarlas.
  Fantasmagóricas, oníricas, como salidas de una pesadilla atenuada y recurrente, estas obras conminan a reflexionar sobre esas máscaras culturales que a lo largo de la historia humana se han ido creando para tratar de lidiar  con la muerte: amuletos, leyendas, religiones, trascendencias, pócimas, ritos, conjuros, adivinaciones   y reencarnaciones, entre otras muchas.
   Este ensayo fotográfico fue exhibido  ya como parte de la muestra Retratos, en el Festival de Fotografía de Tiradentes 2015,  en Brasil, donde anteriormente   expuso  otra colección -en octubre 2014-, en el Festival Hercule Florence de Fotografía, Estación Cultura,  piezas  que   puso  en un túnel a oscuras y el visitante las apreciaba con una linterna que se les proporcionaba a la entrada.
  Así Celante nos hace un recordatorio, un alerta acerca del tan frágil e inseguro tránsito temporal del hombre por la existencia; nos convoca a tratar de armonizar con esa realidad, a otorgar el merecido valor a   cada  segundo de latidos del corazón y ritmos respiratorios, en  ese precario equilibrio entre vida y muerte.
  Lo hace desde la mesura, desde la poesía, con un marcado sentido optimista, como otro conjuro en favor de la bondad y la belleza, del  milagro de la existencia ante retos inimaginables, sugerencia que la mayoría debíamos tener muy en cuenta.

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