Julio César La Cruz o cuando hay que ser indescifrable para lograr los sueños

Publicado: Viernes, 06 Agosto 2021 Escrito por César López Gil|Foto: Roberto Morejón


Julio César La Cruz o cuando hay que ser indescifrable para lograr los sueños

Tokio, 7 ago(ACN) A golpes y con mucha esquiva Julio César La Cruz hizo realidad su sueño olímpico de Tokio: es el títular de la división de 91 kilogramos, y con su esfuerzo el boxeo cubano consiguió la medalla de oro número 40 en su participación en los Juegos bajo los cinco aros desde Munich 1972 al presente.

Para quien llegó al pugilismo con apenas siete años, alcanzar este nuevo escalón a sus casi 32 es de una gran satisfacción, ha dicho que ha cumplido muchas aspiraciones, pero al mismo tiempo este premio es un acicate para nuevos retos.

Su brillante trayectoria deportiva llegó así a 218 combates ganados y solo 18 derrotas, con dos preseas doradas en Juegos Olímpicos y cuatro en campeonatos mundiales, más de un centenar de preseas y otros lauros en torneos de nivel regional, continental, en Series Mundiales y los fortísimos campeonatos nacionales cubanos.

En la Arena Kokugikán, de Tokio, el camagüeyano La Cruz se impuso inobjetablemente al ruso Muslim Gadzhimagomedov, para incluirse en el selecto grupo de siete pugilistas que han podido coronarse en Juegos estivales en dos divisiones distintas.

Él es el único en lograrlo en las categorías semipesada y pesada.

El kazajo Adilbek Niyazymbetov fue el rival vencido en su disputa por el título en la cita de Río de Janeiro 2016 en los 81 kilogramos, y ahora cinco años después y en una división superior, su actuación ha seguido los signos característicos de entonces: un tipo de boxeo muy propio, poco ortodoxo en los términos convencionales del pugilismo y muy exitoso en cuanto a resultados al lograr la esencia de este deporte: golpear y no ser golpeado.

La Cruz para muchos es La Sombra o el Intocable, el mismo se autodenomina El Doctor, dado su estilo escurridizo, indescifrable y en muchos casos desesperante para sus rivales.


Con su 1,82 metros de estatura y ahora con más de 91 kilos de peso se planta con la guardia baja frente a su contendiente, la cabeza pronunciada hacia adelante y ofreciendo la barbilla, los pies listos para girar, moverse en cualquier dirección, danzar, y sus puños listos para propinar cualquier andanada de golpes.

Julio César La Cruz o cuando hay que ser indescifrable para lograr los sueños

Esquiva, gira, se arquea, hace fintas o movimientos de "waving", se cubre y entonces tira sus golpes sobre la anatomía del contrario, una y otra vez durante los 9 minutos de combate. Desgastándolo, marcándole los puntos necesarios para la victoria.


Mientras, su barbilla está ahí, invitando a que la golpeen, y los ojos de águila escudriñando con una mezcla de picardía y alerta para adivinar el próximo movimiento enemigo, para desembarcar los puños o enmarañarle el desempeño al desconcertado contrario. Así otra vez y otra vez...


Cada combate va por estos patrones, y a muchos no gusta, a veces es poco vistoso, pero en realidad el espectáculo que ofrece es una forma muy inteligente, corajuda y táctica de desplegar su esgrima pugilística.


No es un gran pegador, no es un estilista al uso, pero sus golpes llegan con fuerza y pueden noquear. Sabe boxear en las tres distancias, cuando ha tenido que combatir sobre la base de la elegancia pues se le ve preciso, y cuando el rival lo compele al fuego intenso de los puños entonces es capaz de intercambiar con el rival o contratacar ferozmente y desvanecerse a la distancia segura.


Corre un gran peligro frente a oponentes de gran pegada, en realidad un par de veces ha sido derribado en el ring, pero el confía en sus recursos, excelente preparación física y fuerza mental, como si hubiera nacido para desempeñarse sobre los cuadriláteros boxísticos.


Aprendió a pelear así desde que era un adolescente, a partir de uno de sus rimeros entrenadores y a lo largo de los años adquirió los conocimientos y habilidades para que funcionara. Su secreto lo contó a la prensa del Comité Olímpico: "El quid de la victoria está en la mentalidad, la técnica y la táctica que empleemos. A Tokio iré con todo".


En momentos de tanta alegría como los de hoy La Cruz agradeció a los entrenadores, médicos, fisioterapeutas, el psicólogo, los compañeros de equipo... "Todos son parte de lo logrado”, declaró, y en especial destacó a su entrenador Raúl Fernández, y al fallecido Alcides Sagarra, el padre de la moderna Escuela Cubana de Boxeo.


La Cruz es abierto, alegre y franco, su verbo inquieto y con el carisma natural de quienes saben lo que quieren en la vida y luchan por lograrlo. Dijo en los comienzos de su carrera deportiva que quería ser un campeón del pueblo y lo ha logrado.


Este 11 de agosto cumplirá 32 años, y su corazón estará con su madre Ana de la Caridad y sus dos hijas , pero también con todos los que han posibilitado tanto éxito.


“Siempre entreno para el oro. Ese es mi objetivo, el espíritu que nos inculcó nuestro maestro Alcides Sagarra”, manifestó antes de llegar a la capital japonesa.


"Como buen boxeador cubano, en mi mente no existe otra aspiración que no sea la de ser campeón. Por eso, me preparo diariamente, porque me siento capaz de lograrlo", dijo entonces y lo ha cumplido.


Su mente ya está puesta en la cita olímpica en París en el 2024, cuando tendrá 35 años. Con tantas virtudes en liza, las condiciones físicas y mentales adecuadas y su estilo indescifrabe aún con mayor madurez y experiencia no dudará en subir al cuadrilátero a ganar otra batalla por sus sueños olímpicos.

 

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