Alazanes y la crónica de una victoria no anunciada en inédita final beisbolera

 

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Sancti Spíritus, 5 abr (ACN) Por varias razones, entre las que se fusionan las meramente competitivas con otras fuera del terreno de juego, en especial el tema de la pandemia, Granma no salía como favorito para vencer a Matanzas en el pareo final.

No hubo especialista que diese ganadores a los Alazanes granmenses ante el evidente poderío madero en ristre de los Cocodrilos matanceros, que mostraban una alineación con hombres como Yadil Mujica, Yadir Drake y Erisbel Arruebarruena, jugadores que se desempeñaron en ligas foráneas y robustecieron más de lo que estaba al elenco dirigido por Armando Ferrer.

Pero el béisbol se gana en el terreno, con corazón valiente y total entrega, acatando al pie de la letra todos sus fundamentos técnico-tácticos y aprovechando las debilidades del rival si no los cumple. Matanzas lo tuvo, pero Granma lo maximizó.

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Hubo figuras vitales en este conjunto granmense que apenas hubiesen visto minutos de juego si la serie hubiese admitido refuerzos, como se había hecho tradicional, o si la presencia de la COVID-19 desde finales de diciembre no hubiese atrasado el calendario.

Entre otros, no hubiesen jugado el antesalista Osvaldo Abreu, que bateó lo que quiso, ni Alexquemer Sánchez, errático a la ofensiva, pero con un cañón en su brazo derecho para meter out al que intentase ganar una base más, ni el cátcher Iván Prieto o el lanzador Yoel Mojena, quien ganó los dos últimos partidos.

Pero lo más llamativo de todo es que, de no llegar la pandemia, el slugger Alfredo Despaigne -que tomó rumbo a Japón-, no le hubiese dado oportunidades como bateador designado al joven Guillermo Avilés, quien finalizó con el trofeo de MVP en la gran final por su excelente tino ofensivo.

A todo ello sumémosle que Granma no pudo contar en gran parte de la temporada con Roel Santos, Guillermo Avilés y el lanzador Lázaro Blanco, quienes cumplieron contratos con clubes en ligas extranjeras. Pero nunca bajaron la guardia y terminaron segundos en la fase clasificatoria.

Si a esto se añade que el equipo estuvo 15 días de aislamiento por casos de COVID-19 y apenas pudo entrenar una semana para enfrentar a un monstruo como Matanzas, entonces vale el reconocimiento de todos para el mentor Carlos Martí –dice que ya se retira-, y su esmerada tropa.

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