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De vuelta el Comandante Jaramillo

 

De vuelta el Comandante Jaramillo

Las Tunas, 26 sep (ACN) Un místico personaje que durante más de cinco décadas deambuló por el centro histórico de esta ciudad, hizo un paréntesis en el tiempo para ausentarse de su urbe, pero ya los lugareños vuelven a tenerlo más cerca que nunca, con su emblemático atuendo, de pie, quizás recordando por donde caminaba una y otra vez..


El regreso de este hombre se le debe a la pericia de un joven que se empeñó en rescatarlo para devolverlo a su hábitat y que los tuneros pudieran tener nuevamente a su “Comandante Jaramillo, tirarse fotos junto a el y recordar aquellos recorridos diurnos e incluso conversar con el en los parques.


Esa vida taciturna y con algo de leyenda fue lo que inspiró al escultor Angel Luis Velázquez para realizarle un monumento a tamaño natural a Alberto Álvarez Jaramillo, tres años y cinco meses después del fallecimiento de este simbólico personaje.


La obra fue emplazada en el mismo corazón de la ciudad, frente a la sede del Fondo Cubano de Bienes Culturales, en ocasión de la Jornada de la cultura y como parte del programa por el aniversario 225 de la ciudad de Las Tunas, este 30 de septiembre.


En la escultura, trabajada en ferrocemento, se precisan detalles que solo un artista de la plástica como Velázquez: --flemático, trabajador, persistente y emprendedor contra viento y marea, pudo haber llevado al “Comandante Jaramillo” a la inmortalidad.


Los pliegues del pantalón, la camisa con sus bolsillos llenos de documentos, un peine, un lápiz y cuanto papeles guardaba, y un portafolio sujetado con su mano derecha y descansando en los hombros, era común ver así a Alberto Álvarez Jaramillo.

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A Jaramillo se le identificaba de distintas formas, sentado en solitario en un banco del parque Vicente García o conversando con un viejo amigo, pero sobre todo caminando por las calles, concentrado en un monólogo interior y muchos gestos con sus manos, nada más parecido a un regulador de tránsito o a un coach de tercera base de un equipo de béisbol.
Se le consideraba una persona tranquila y taciturna pero hábil para detectar cuando alguien le insinuaba un ápice de burla. Y no fueron pocos los que recibieron una respuesta física y tuvieron que recogerse y andar “fino” al pasar por su lado.


Aunque un descrédito para Jaramillo era bajarle los grados militares, había que llamarlo por Comandante.

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Ahora no hay transeúnte que no se detenga a contemplar esta obra costumbrista -la primera que se le dedica a un personaje popular de la ciudad--, para evocarlo así como lo detalló Velázquez: muy delgado, barba rala pantalón y camisa verde olivo, y en una de sus manos un madero que portaba en ocasiones, por si alguien se equivocaba.


Pero en las últimas décadas podía prescindir de todo artefacto para su autodefensa; el pueblo no admitía que se degradara a un personaje que implantó respeto por su cuenta y que después de recorrer su urbe, antes del crepúsculo marchaba tranquilo hacia su casa, con su atuendo militar, gorra o boina con la estrella solitaria.

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Comentarios   

0 #1 Andy 26-09-2021 22:30
No sé de dónde sacó el periodista ese Comandante Jaramillo, pues se le conocía solo por el Comandante, nunca escuché el Jaramillo ese por favor mas seriedad y verdad en lo que se escribe.
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