
Camagüey, 7 abr (ACN) Otra vez las pautas dramatúrgicas definidas en cada puesta en escena de la prestigiosa compañía lugareña Teatro del Viento subieron al escenario este fin de semana con el estreno de No tengo saldo, obra que convida al espectador a pensar sobre su realidad circundante.
Con momentos humorísticos muy bien defendidos por cada actor, sin caer en lo grotesco, se trae a las tablas de una forma eficaz la añoranza por épocas pasadas, pinceladas de desarraigo y apego por lo propio, el amor por la familia, y la permanente decisión de no dejarse vencer por las adversidades.
Más allá de una crítica social, Freddys Núñez Estenoz, creador y director del colectivo, apuesta con esa pieza por demostrar cuan necesario es desdibujar las fronteras que aíslan a las personas, en ocasiones por efímeros y banales motivos.
Cada monólogo deviene recurso expresivo muy bien sostenido desde la interpretación de los actores, quienes le aportan los matices necesarios para, cara a cara con el público, acentuar su mensaje.
El rejuego con las luces sobre el escenario, el vestuario y cada uno de los demás recursos usados, conforman un discurso que conduce a los presentes a cuestionarse, al menos una vez, sobre los temas expuestos.
No tengo saldo se ha mantenido a sala llena en cada una de sus presentaciones, incluso con entradas agotadas desde días antes de la función, lo cual demuestra cuan seguido es el grupo por sus espectadores.
A decir de Núñez Estenoz, eso afianza la idea de que el teatro aún conserva sus fuerzas pues goza del sublime privilegio de la fuga y viaja libre a donde vaya el pensamiento.
En junio próximo Teatro del viento arribará a sus 20 años de fundado, tiempo en el que ha permanecido en la constante indagación de nuevos códigos, los cuales siempre le han posibilitado concretar puestas en escenas con altos niveles estéticos y con positiva recepción de la crítica especializada dentro y fuera del país.








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