Adiós a un hijo fiel de Cuba

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Pinar del Río, 7 ago (ACN) Se ha ido Juan Quintín Paz Camacho, el último de los Malagones -grupo de 12 campesinos considerado la génesis de las Milicias Nacionales Revolucionarias en Cuba-, un hijo fiel de este país para quien el mejor consejo a las nuevas generaciones era cuidar todo lo logrado por la Revolución.

De poco hablar pero sí con un agudo sentido del humor, el hombre esbelto nacido en la comunidad El Moncada, en el municipio de Viñales, era hijo del dueño de una finca que desde el instante del triunfo de la Revolución quiso que fuera una de las primeras propiedades entregadas en la Reforma Agraria.

La patrulla es recordada en la historia por la desarticulación de la banda contrarrevolucionaria del ex cabo Luis Lara Crespo, prófugo de la justicia y responsable de una veintena de asesinatos.

“Si ustedes triunfan, habrá milicias en Cuba", aseveró Fidel Castro Ruz durante el encuentro en la caverna de Santo Tomás como prueba de la confianza depositada en Leandro Rodríguez Malagón y los otros 11 hombres que enfrentaron a quien era conocido por sembrar el terror en la zona de la geografía pinareña.

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De ese modo, el 31 de agosto del 59 surgió la primera milicia campesina de la Mayor de las Antillas, organizada por el gobierno revolucionario, de cara a enfrentar el bandidismo.

Exhortados por el líder cubano a localizar la pandilla en 90 días y después comunicar a Antonio Sánchez Díaz (Comandante Pinares) o al Comandante Dermidio Escalona para que ellos lo atraparan, los Malagones ubicaron a Lara y sus subordinados a las cinco de la tarde del día 18 de octubre en su escondite, una casa solitaria en medio de los mogotes del lugar conocido como Las Cazuelas.

Los campesinos conocían la zona como la palma de su mano y fueron capaces de completar la misión en solo 18 jornadas, sin bañarse y en condiciones precarias en el monte que se volvieron nada al balancear el impacto de la hazaña y el freno al criminal.

Paz Camacho rememoró aquella hazaña en una entrevista concedida a la ACN en noviembre de 2018:

Hicimos un plan de ataque. Serían las seis de la tarde y ya era imposible salir a buscar refuerzos, que vendrían de Guanito y Minas de Matahambre. Además, no podíamos esperar a la noche porque podían escaparse, dijo.

Llegó en eso Isidro Ramos, soldado del Ejército Rebelde, y quiso acompañarnos. Nos dividimos para atacar. Yo me debo haber arrastrado cientos de metros, y no se podía distinguir el color de mi uniforme, por el fango.

Cruz Camacho, El Niño, se escondió detrás de una piedra ante los disparos, y cuando llevábamos como 20 minutos con fuego, gritó: “El capitán que emplace la ametralladora”, a lo que contestamos desde el otro lado: “No, ya emplazamos el mortero, vamos a dispararles con él”. Los alzados se aterrorizaron en ese momento, recordó Juanito, como todos los conocidos lo llamaban.

Tras saberse la noticia de la victoria, los 12 fueron enviados a La Habana al encuentro con Fidel.

Va a haber milicias en Cuba porque ustedes triunfaron, sentenció el Comandante en Jefe en esa ocasión, palabras que todavía hoy resuenan cuando de Los Malagones se habla en la Isla, por tratarse de campesinos humildes que cumplieron con toda una nación, a fuerza de compromiso, sentido de pertenencia y de la justicia.

Juanito culminó aquella entrevista con un llamado que hoy cobra especial vigencia: “es importante recordar la historia, sobre todo en tiempos en los que se pretende borrar lo vivido por este país; y seguir las ideas de Fidel”.

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