
La Habana, 14 mar (ACN) La escritora Graziella Pogolotti, en su artículo titulado José Antonio, recuerda que el inolvidable dirigente de la Federación Estudiantil Universitaria (FEU) “era un hombre apasionadamente vinculado con la cultura”.
Expresa que mucho se ha escrito sobre José Antonio Echeverría, sobre su capacidad de liderazgo que le permitió acceder a la presidencia de la FEU, sobre su valentía en el enfrentamiento a la policía cuando encabezaba las manifestaciones estudiantiles.
Sobre esa otra faceta de vinculación con la cultura dice que “En medio de la lucha contra la dictadura quiso hacer de la Universidad un espacio alternativo para la creación artística” y que “En medio de los combates, José Antonio encontraba tiempo para inaugurar exposiciones de arte”.
Cuando el golpe del 10 de marzo interrumpió el curso constitucional de la nación, José Antonio era un apasionado estudiante de la carrera de Arquitectura, dimensión de la cultura que comparte el existir de todos, sin diferencia de sexo, edad, capa social, precisa.
En el caso de Cuba, a lo largo del siglo XX se produjo un crecimiento creativo de la arquitectura, en diálogo estrecho con el emerger de las vanguardias en los años 20 y con lo más avanzado en el plano internacional, atemperado todo ello a la adecuación al clima tropical y a los mejores valores legados por la tradición, comenta la escritora.
Cuenta que “A este pensamiento renovador se incorporaron con pasión los entonces estudiantes de la Facultad de Arquitectura, entre ellos, el joven José Antonio Echeverría. Sin embargo, el llamado de la patria le impuso el sacrificio de tan definida vocación, aunque no por ello, en medio del riesgoso batallar de la lucha clandestina, renunció por completo a sus inquietudes en el terreno de la cultura”.
El Presidente Miguel Díaz-Canel ha insistido reiterada y enfáticamente en la necesidad apremiante de potenciar el saber acumulado para encaminar soluciones entre los problemas económicos y sociales que nos embargan, refiere Pogolotti.
Hay que pegar el oído a la tierra y escuchar la voz de los expertos. Nuestras ciudades padecen el deterioro impuesto por el desgaste del tiempo. Se han perdido edificaciones valiosas, representativas de las distintas etapas de desarrollo de nuestra arquitectura. Existe, por lo demás, un grave problema de escasez de vivienda con repercusiones en el hábitat y en la calidad de vida de sus pobladores, considera.
Advierte que “Algunas intervenciones infaustas, resultantes de proyectos importados, laceran el urbanismo. En estas circunstancias se requiere conjugar racionalidad económica y protección de los valores patrimoniales y de la imagen tangible de nuestra identidad”.
Pletórica de energía, un 13 de marzo, aquella muchachada se inmoló. Con extrema generosidad entregaron su existencia y sus sueños en favor de la vida y la dignidad de un pueblo. Merecen gratitud y homenaje. Merecen también que sigamos luchando por preservar los sueños que entonces acariciaron, opina la intelectual cubana








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