Gracejo popular, un sello distintivo a favor del idioma

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Que el español es un idioma rico, no tiene discusión, pero que el aporte popular de nuevas voces ha contribuido a través del tiempo a imprimirle gracia, donaire, y un sello único a la lengua, sobre todo en Cuba, también es una verdad como un templo.

Y en ese proceso creativo, se multiplican las acepciones de vocablos, que usadas con otras palabras cambian de significado.

Es el caso de los pies, extremidades inferiores del cuerpo humano, que requieren de nuestro cuidado para facilitar el equilibrio, andar, correr, bailar, entre otras acciones, pues si están maltrechos, cómo entonces comenzar el año con “buen pie”. Y para lograrlo se precisa hacerlo apoyado en el pie derecho considerado más hábil para transitar por el porvenir.

Por esa razón un vecino, a las 12 en punto de la noche de este jueves, levantó el izquierdo, para no dar espacio a la duda, en un afán porque se cumpla la sentencia y así dejar atrás las tragedias del fatídico 2020.

Siguiendo la ruta del lenguaje, al pie de la letra, suele decirse en referencia a una forma completa o fiel, y al pie del cañón cuando alguien permanece atento a alguna obligación.

Sin acierto es “tener mal pie”, andar con uno de plomo dice de la cautela, dar pie, es tocar fondo cuando se sumerge en el agua y también cuando determinadas acciones pueden desencadenar murmuraciones.

En pie señala la posición erguida y nacer de pie alude a tener mucha suerte en la vida; y quién en una situación difícil no ha puesto "pie en polvorosa?, o teniendo como base la experiencia pudo conocer de qué pie cojea el prójimo o en determinada situación ha reconocido que aquello no tiene ni pie ni cabeza.

Para mediciones exactas de pequeñas longitudes, nada como el pie de rey; pero por favor no se acostumbre a “pasar el pie”, es de muy mal gusto y pésima educación.

Claro que hay que ser hábil para dar pie con bola y sobre todo, como el peligro de la COVID-19 está latente, se hace necesario extremar cuidados, estar protegidos con el nasobuco, otro en el bolsillo por si acaso, y guardar distancia unos de otros, y todo para evitar tener un pie en la tumba o salir con los pies por delante.

Y nada, parafraseando la popular canción: ¡cómo me gusta hablar español!

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