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Cochero, no pare

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Guantánamo, 31 may (ACN) “Cochero, pare cochero”, título y estribillo de la canción popularizada por la Orquesta Aragón en los pasados años 50 viene a la mente en presencia de Yureilvis Figueroa Rivero, trabajador no estatal, vecino de la guantanamera comunidad Primero de Mayo.

Con un coche seguramente más rústico que el inspirador de la composición musical y estimulado por las necesidades de una treintena de adultos mayores, no vaciló en acceder a la petición de María Luisa Claro Tejeda, delegada de la circunscripción 52 del municipio de Guantánamo, y apoyar al Sistema de Atención a la Familia (SAF), sin que mediara retribución monetaria.

“Por supuesto, estamos de acuerdo”, respondió a la propuesta, utilizando un plural que no es de cortesía, por cuanto incluía a “su viejo penco Perico”, expresión que dista de ser despectiva y hace público el reconocimiento de Figueroa Rivero al équido garante de su sustento diario y que, ahora como en la cotidianidad, es el que tira de la carga.

Dispone el mencionado programa humanista, de mensajeros que llevan hasta los hogares, elaborado y subvencionado, el complemento de la alimentación de jubilados, otras personas de la tercera edad en situación vulnerable, además de impedidos físicos y embarazadas con riesgo.

Con esa iniciativa se evita el traslado de los beneficiarios hacia el comedor comunitario que habitualmente les presta el servicio y que en el caso que nos ocupa radica en la calle Bartolomé Masó, entre San Gregorio y Santa Rita, en la capital provincial.

Salir de casa en tiempos de la COVID-19 es un riesgo incluso para las personas sin problemas de salud, subraya Claro Tejeda, y precisa que junto al personal de gastronomía intervienen la trabajadora social, miembros de las distintas organizaciones políticas y de masas del Consejo Popular Centro Oeste (al cual pertenece la circunscripción) con sus respectivas bicicletas y la misión de subir al coche las raciones.

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Innterrogada por el papel que desempeñan los “ciclistas” responde que el de trasladar hasta los asientos de la parte posterior del coche los potes de comida y seguidamente explica por qué se releva de esa faena al dueño y guía del vehículo.

Señala que si Yureilvis se alejara solo unos minutos de su “bruto” servidor, ascendiera la decena de escalones que conducen al Sopón (nombre escogido, al parecer con prisa, para inscribir a la unidad gastronómica) y regresara al coche para depositar los recipientes de comida, no encontraría a su fiel caballo.

La razón de la hipotética estampida la revela la entrevistada: el ruido de los motores y bocinas de autos, ómnibus y camiones transitando la calle espantaría a cualquier caballo y sobre todo a Perico, criado en el ambiente campestre y libre de contaminación sonora del "Primero de Mayo", su lugar de residencia desde que era un potro.

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