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Julián Leal Muñoz, un campesino valiente

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 Artemisa, 16 may (ACN) Tiene 53 años. No cursó estudios superiores. Tampoco es técnico de nivel medio, ni obrero calificado. Sin embargo, Julián Leal Muñoz, un campesino de Güira de Melena, le sabe un mundo a la tierra, habla como un maestro y no teme al experimento, ni al cambio.

La finca Santana, de casi ocho hectáreas (ha), se encuentra al sur de Güira de Melena y pertenece a la Cooperativa de Crédito y Servicios (CCS) Frank País García.

Allí nació y creció Julián junto a su hermano Ricardo. Allí aprendió los secretos del campo, sobre todo del pimiento, del tomate, del ajo, del maíz y del boniato, y los beneficios de la rotación de los cultivos entre las campañas de frío y primavera.

Contó Julián a la ACN que la finca Santana produjo pimientos para la exportación hasta los años noventa, época en la cual fue afectado por el trip, por ello dejaron de producirlo hasta hace unos cuatro años que retomaron su cultivo, también con el interés de exportarlo a través de la Empresa Cítricos Caribe.

Destacó que las producciones son destinadas a la CCS, a la Unidad Empresarial de Base (UEB) Comercializadora, a la Empresa de Semillas, mayormente las de maíz, frijoles y pepino, al turismo, a puntos de venta y al barrio güireño La Chafarina, donde está enclavada la propiedad.

Además de pimiento y cebolla para la obtención de los bulbillos que demanda la campaña de este alimento a iniciarse en septiembre u octubre, en la finca Santana hay sembradas dos variedades de maíz para la sustitución de importaciones y la obtención de semillas.

En 2015 la vida de Julián dio un giro inesperado. Por sus méritos y resultados productivos fue seleccionado por el Proyecto BASAL (Proyecto de Bases Ambientales para la Sostenibilidad Alimentaria Local) que se implementa en la CCS para viajar a Brasil y adquirir experiencia en la agricultura de conservación, que luego debía trasladar a su finca.

Julián aprovechó su tiempo en el sureño estado brasileño de Paraná y al llegar a su natal Güira de Melena seleccionó dos hectáreas para aplicar lo aprendido. Baste decir que la agricultura de conservación tiene como concepto la siembra en suelos sin roturar, lograr una capa vegetal de ocho a 10 centímetros que asimile la semilla y no hacerle cultura al cultivo.

Con una sembradora fertilizadora de granos, una asperjadora, un rolocuchillo y un sistema de riego por enrollado, donados por el Proyecto BASAL, Julián cultivó y cosechó maíz y sorgo. También sembró frijol, que perdió por la plaga que afectó al país, y está a punto de obtener una cosecha de maíz con rendimientos similares a los alcanzados por el modo tradicional.

Según el campesino güireño la agricultura de conservación requiere sacrificio y cambiar la mentalidad, pues propone una forma novedosa de cultivar la tierra. De ahí su llamado a no temerle, sino a adaptarla a las condiciones del país, ya que esta técnica permite ahorrar agua y combustible, reduce el tiempo entre las plantaciones, protege el suelo y aumenta los rendimientos de los cultivos a partir de los tres años.

Julián nació campesino y de ello se enorgullece. A sus 53 años estima que le queda mucho por aprender y enseñar, por aportar al país. Así de valiente es este hombre, sencillo, conversador y siempre abierto al experimento, a los cambios.

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