All for Joomla The Word of Web Design
05
Junio Viernes

Pinero agradecido habla de su relación con Celia Sánchez

0905-celia-ij.jpg

Nueva Gerona, 9 may (ACN) Cuando en Cuba se conmemora hoy el centenario del natalicio de Celia Esther de los Desamparados Sánchez Manduley, José Antonio Quintana Veiga -residente en Isla de la Juventud- la recuerda como la madre que en la distancia siempre se preocupó y ocupó de él.

En un repaso a la memoria, el longevo hombre habla sin rubor, por primera vez, del pasado cruel que le tocó vivir en una colonia cañera de su natal Palma Soriano, de la antigua provincia de Oriente, cuando a los seis años de edad le vio a los ojos al capitalismo.

Nací en 1947, soy hijo de una familia numerosa, vivía en un bohío de yagua con techo de guano y piso de tierra, pero a esa edad ocurrió algo que me desajustó en mi infancia, mi mamá me regaló a una mujer que no tenía hijos con la promesa de darme buena educación, cama y comida, pero la realidad fue otra… fui su esclavito… hasta que se le ocurrió golpearme y regresé por mi cuenta a mi familia, narró con voz apagada.

Agregó que se enteró 50 años después de lo terrible que fue ese episodio para la familia, cuando publicó el cuento “Niño regalado, se orina y muerde”.

El triunfo de la Revolución lo sorprende con 11 años de edad siendo un niño de la calle y alimentándose como podía de los restos de comida que botaban restaurantes y fondas, mientras cargaba agua por dos centavos y limpió zapatos, para mantener al hermano más pequeño porque su mamá había huido con la hija mayor, la última amenazada de muerte por pertenecer al movimiento 26 de Julio.

En marzo de 1959, a mi mamá le llegó un giro y un telegrama, fue a la tienda nos compró ropita y zapatos y dijo nos vamos para La Habana, donde hice la primaria, nos cuidaban y comíamos bien, fue entonces cuando mi hermano y yo cogimos el cuerpo que nos pertenecía por edad, sonrió.

Refirió que cuando los sucesos de Girón la escuela se desintegró porque todos los maestros eran milicianos, y regresaron a casa. Al siguiente año llegó otro telegrama informándoles de una beca para cursar la secundaria básica en Siboney, La Habana, y cuando concluyen el séptimo grado en 1962 los envían a recoger café a la finca Futetón, en Contramaestre, años después supo que los protegían del peligro de la reconocida Crisis de Octubre.

Cuando terminamos el octavo grado yo fui a estudiar a un tecnológico en Kukine, finca y mansión del exdictador Fulgencio Batista, y mi hermano fue a convertirse en piloto en la escuela de aviación de Pinar del Río. En 1966 hice una pasantía en la entonces Isla de Pinos y al concluir viajé a Israel a estudiar cítricos.

Un día llegó al kibutz​ (comuna agrícola iraelita) el secretario de la embajada cubana en ese país, Eumelio Caballero Rodríguez, y me preguntó si yo era familia de Celia, le dije que ni la conocía, aunque sí la vi muchas veces en la escuela primaria donde estudié en La Habana e incluso un día de reyes, cuando por primera vez en mi vida recibí un juguete, dijo.

Agregó que cuando indagó el porqué, Caballero Rodríguez le comentó que ella preguntaba mucho por él, se interesaba por su estado de salud y conducta, en ese momento supo que toda su buena suerte se debía a Celia Sánchez, quien se tomó muy en serio ser el ángel de la guarda de los desamparados en Cuba.

José Antonio Quintana Veiga es, además, licenciado en Ciencias Políticas y escritor.

Escribir un comentario

No se admiten ofensas, frases vulgares ni palabras obscenas.
Nos reservamos el derecho de no publicar los comentario que incumplan con las normas de este sitio


Código de seguridad
Refescar