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Junio Miércoles

Debut profesional entre los peligros del nuevo coronavirus

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Ciego de Ávila, 2 abr (ACN) Lilianne Oliva Ulloa aún no tiene experiencias de misiones médicas internacionalistas para combatir enfermedades como el ébola, pero desde hace unos días se incorporó a una tarea que también pone en riesgo su vida para salvar las de otros que necesitan de su atención.

La joven médico es natural del municipio de Majagua, pero el amor de pareja la llevó a la localidad de Baraguá y allí en el cuerpo de guardia del policlínico que está en el poblado de Gaspar se le puede ver todos los días con el vestuario y los accesorios que exige el momento.

Lili, como la nombran amistades y familiares, comentó a la Agencia Cubana de Noticias que por ahora demorará un tiempo en volver a ver a sus padres, hermano, abuelitos maternos y al sobrinito de tres años, que todos los días aclama por ella y desde esa inocencia de su corta vida le dice por teléfono: tía de mi corazón te cuidas mucho.

Oír a Oliver vía telefónica y también los consejos siempre útiles de mi mamá me dan fuerzas para darlo todo en el puesto que me asignaron, porque los médicos que estamos en esta línea también aportamos para que no se propague la enfermedad, afirmó muy segura de sus palabras.

“Desde mi punto de vista en el policlínico está todo bien puntualizado y organizado para enfrentar esta emergencia epidemiológica, pues desde la propia entrada del centro asistencial labora una enfermera cuya función es determinar, según los síntomas de quienes acuden a recibir atención, a cuál de las tres consultas habilitadas debe ir”, expresó.

En la de cuerpo de guardia todo el personal está con nasobuco y guantes, y en la de síntomas respiratorios y en la que se ven los casos sospechosos se anda con ropa y gorro verde, y también guantes para minimizar los riesgos de infectarnos, dijo la doctora, a la que apenas se le ve su rostro.

Ese vestuario se cambia cada cuatro horas y se coloca en una bolsa de nailon para llevarlo a lavar y esterilizar, explicó la avileña, con 28 años recién cumplidos.

Cuando me dieron esta misión, no niego que tuve un poco de miedo, porque la COVID-19 es una enfermedad nueva y desconocida, pero ejercer la medicina y mucho más la cubana, nos inyecta un alto grado de humanismo y responsabilidad para salvar a otros sin importar los peligros para nuestras propias vidas, refirió Lili, quien cursa el segundo año de la especialidad de Medicina General Integral.

“Como las cartas de presentación del nuevo coronavirus son varias y existen manifestaciones clínicas similares con las diferentes influenzas que circulan en estos meses en el país, en cada jornada me enfoco a cumplir los protocolos diseñados para enfrentar la pandemia y en brindarle la asistencia requerida a quienes la necesitan”, añadió.

Fuera de las consultas existen las condiciones creadas para que con agua, jabón e hipoclorito de sodio cada persona se higienice las manos, y dentro de ellas el personal médico cuenta con alcohol al 76 por ciento y soluciones de hipoclorito de sodio al uno por ciento para desinfectarse las suyas, explicó la joven.

“Por medidas de seguridad cada vez que termino de atender un caso limpio el cuño, el lapicero, el esteto y esfigmo y la auxiliar de limpieza pasa el paño a las superficies con hipoclorito de sodio al cinco por ciento, de forma tal que el próximo paciente entre a la consulta sin riesgo alguno”, refiere.

Desde que la joven médico se graduó en 2016 trabajó en los centros penitenciarios de la provincia de Ciego de Ávila, pero hace solo unos días su estreno en la vida civil ha sido en esta trinchera de detección de casos sospechosos de la enfermedad COVID-19.

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