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Cuerdos y locos

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Miles mueren cada año en las carreteras y nadie prohíbe fabricar automóviles: Eso ha dicho Donald Trump, y tamaña insensatez y ligereza pone a cualquiera los pelos de punta, sobre todo porque con el símil pretende justificar su pretensión de devolver a EE.UU. a la normalidad en plena crisis por la pandemia.

Eso, la falta de una estrategia sólida y clara en el gigante norteño y los llamados -también allí- a abandonar a los ancianos a su suerte o a sacrificarlos en bien de la economía y los negocios, bastarían para bajarnos a todos las defensas, pues un descalabro de la mayor superpotencia dejará a esta aldea global en peor estado de lo que está.

Por suerte, otros tienen la cordura y visión que a Trump y a varios de sus acólitos le faltan. China nos ha hecho ver que hay luz al final del túnel, Cuba lleva la antorcha por el mundo en las manos de sus médicos, la Organización Mundial de la Salud no cesa de batallar y Antonio Guterres, secretario general de la ONU, acaba de lanzar un plan mundial de respuesta humanitaria a la COVID-19.

La pandemia del nuevo coronavirus SARS CoV-2 amenaza a toda la humanidad, afirmó el portugués, al presentar el programa de acción, que tiene como objetivo combatir a este enemigo invisible y común en los países más pobres y responder a las necesidades de las personas más vulnerables, pues para vencerlo no basta con la respuesta individual de cada Estado.

El Secretario General de la Organización de Naciones Unidas advirtió que el mundo enfrenta una amenaza sin precedentes, que trastoca miles de millones de vidas y pone en grave peligro la economía global, y que la llegada del nuevo coronavirus agrava la situación en países que viven ya crisis humanitarias originadas por los conflictos, los desastres naturales y el cambio climático.

Hablamos de países donde la gente se ha visto obligada a huir de sus hogares por las bombas, la violencia o las inundaciones, vive bajo cubiertas de plástico en los campos o hacinada en campos de refugiados o asentamientos informales, destacó.

Esas personas no tienen hogar donde practicar el aislamiento global, les falta, incluso, el agua limpia y jabón para realizar el acto más básico de protección personal: lavarse las manos, señaló Guterres, y añadió que ayudarlos no es solo una cuestión de solidaridad humana, sino un imperativo para combatir y vencer la pandemia.

Si no tomamos medidas decisivas en este mismo instante, me temo que el nuevo coronavirus cobrará arraigo en los países más frágiles y todo el mundo será vulnerable a medida que continúa su avance, añadió el Secretario General de la ONU, que hace poco igual instó a un alto al fuego inmediato, a silenciar las armas, porque a las zonas en conflicto también llegó el SARS CoV-2 y hay civiles incluso en peligro de morir sin siquiera poder ser atendidos.

Y ya que hablamos de Naciones Unidas, la Alta Comisionada de Derechos Humanos, Michelle Bachelet también ha dejado oír su voz para expresar que en este momento crucial las sanciones sectoriales -léase el férreo y criminal bloqueo que impone Estados Unidos a países como Cuba, Venezuela e Irán- deberían atenuarse y suspenderse.

Habrá que ver si el Emperador, sordo y ciego ante lo que ocurre en su propia casa en tiempos del coronavirus, hace o no caso del pedido de la ex Presidenta de Chile.

Honestamente, y al menos en nuestro caso, lo dudo. La poca clase mostrada por funcionarios de la Embajada yanqui en La Habana, al presionar descaradamente a otros países para que rechacen la asistencia médica de Cuba, deja claro que solo cabe esperar del Imperio más hostilidad y vueltas y vueltas al garrote.

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