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Abril Miércoles

Graziella Pogolotti advierte que el respeto al derecho ajeno es la paz

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La Habana, 16 feb (ACN) Graziella Pogolotti recuerda que los latinoamericanos tienen una tradición de pensamiento que merece rescate y que en las circunstancias actuales, es fuente de una propuesta emancipatoria basada en la paz y en el respeto mutuo.

En su artículo El respeto al derecho ajeno es la paz, que publica el periódico Juventud Rebelde, la escritora añade que ello "constituye un espacio de convergencia para la humanidad toda en su lucha por su bienestar y por la resistencia frente a la acelerada depredación de los recursos de la Tierra".

Evoca a Benito Juárez, aquel indio, todavía niño, movido por el afán de superación, que abandonó el terruño y marchó a la ciudad.

Allí aprendió el español, se adueñó de los latines y de las lenguas modernas y entró en el complejo universo del Derecho, animado por la búsqueda de principios de justicia. Desde su legendario coche, Benito Juárez afrontó la anacrónica invasión francesa promovida por Napoleón III —Napoleón el pequeño, según Víctor Hugo—, destinada a imponer en el Gobierno de México a Maximiliano de Austria, fusilado en Querétaro, refiere la intelectual cubana.

Para México y la América Latina toda, Juárez planteó, como noción fundamental para la convivencia entre las naciones, la indispensable necesidad del respeto mutuo, vale decir, de la no injerencia en los asuntos internos de otros países, concepto que salvo breves parpadeos, ha presidido la política exterior de su país, refugio seguro para los exiliados de todas partes, de ejemplar conducta con las víctimas de la guerra de España y con los condenados por el macartismo en Estados Unidos.

Por su estatura cívica, Benito Juárez ha sido nombrado Benemérito de las Américas. La evocación del prócer mexicano es oportuna en los días que corren, cuando con ritmo vertiginoso, principios y aspiraciones humanas se subvierten y se asume de manera natural el intervencionismo más desembozado en el terreno de la política internacional, afirma.

Relata que en el siglo XX, dos guerras mundiales produjeron verdaderos holocaustos. "Picasso, que había condenado con su Guernica el bombardeo de una población civil inerme, diseñó luego su paloma de la paz, símbolo de una aspiración universal. Al término de la primera gran conflagración, la fracasada Liga de las Naciones intentó interponer la negociación al uso de las armas.

Añade que "la compleja arquitectura de la ONU aspiraba a procurar un espacio para la negociación, compartido por las grandes potencias y los países emergentes". Se proponía auspiciar la ciencia, la educación y la cultura y ofrecer plataformas para el desarrollo de los más desfavorecidos. No se ha desencadenado otra conflagración mundial, aunque los enfrentamientos localizados en puntos estratégicos no han cesado y la gran industria sigue fabricando un armamento cada vez más sofisticado, agrega.

So pretexto de la Guerra Fría, el imperio multiplicó bases militares en todos los continentes. Tanta es la carga de dinamita en un precario equilibrio del mundo que una chispa puede producir un estallido atroz, escribe Pogolotti, quien advierte que "La expresión más burda y ominosa se manifiesta en el discursar del Presidente de Estados Unidos, dirigido a apelar a los más oscuros sentimientos atávicos subsistentes en su nación.

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