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José Cuevas Veranes mira con los ojos del alma (+Fotos)

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José Cuevas Veranes ha dedicado parte de su vida a la Asociación Nacional del Ciego (Anci), de la que integra el secretariado ejecutivo nacional y está desde 1987 al frente de la organización en la oriental provincia de Santiago de Cuba, Vanguardia Nacional por 27 años.

Amor en cada tarea y solidez en los resultados indican esos datos, cuánto esfuerzo requiere mantenerlos; él, su equipo de trabajo y los más de cuatro mil 800 miembros lo saben bien.

“Los logros son indiscutibles. En el crecimiento este territorio está en el pelotón de avanzada: creamos los comités de apoyo en el campo y en la ciudad, tenemos una faena notable en la rehabilitación del ciego, empeño que más ennoblece nuestra obra, subraya, y lo más importante: somos una gran familia.
“En la labor diferenciada hacemos énfasis en los jóvenes, las mujeres y personas de la tercera edad, pues necesitan mucho respaldo y valerse por sí mismas, en ese sentido hay frutos”.

Se advierte que Cuevas Veranes está enamorado de la faena con los ciegos y débiles visuales, se ha encariñado tanto con esa misión que, además del orgullo, siente el compromiso de contribuir a formar el relevo. Por eso confiesa que la labor comunitaria le fascina porque le permite interactuar persona a persona.

Como premio a su consagración y entrega ostenta varias condecoraciones, ha viajado a Hungría, Alemania, España, Checoslovaquia y Yuloslavia; y estuvo en un Congreso de la Unión del Ciego Latinoamericano, en Panamá.

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Pero el lauro que le reconforta sobremanera, declara, es el Bastón de Cristal, galardón más importante que confiere la asociación, y por el cual agradece también a los santiagueros dada su solidaridad y especial hospitalidad en todo momento.

También ganó el honor de estar varias veces en actos cerca de Fidel, y evoca con particular emoción cuando el Líder Histórico de la Revolución inauguró la escuela para niños ciegos y débiles visuales Antonio Fernández León, en el poblado de Boniato y Cuevas le confesó entonces: “Comandante usted me inspira para estar entero”.


Hoy 19 santiagueros participan como delegados al VIII Congreso de la Anci (del primero al cuatro de diciembre en La Habana). Es Roberto Puebla Griñán, defectólogo de profesión y presidente de la organización en Palma Soriano, donde atesora un desempeño meritorio, el que asiste por vía directa.


El entrevistado no repara en su discapacidad, es sorprendente: “Me gusta actualizarme, tengo un radio de pilas al lado, oigo televisión, me leen los periódicos, analizo materiales mediante el Sistema Braille, soy autodidacta y modestamente sé de política, economía, cultura…”, precisa sin alarde de erudición.


“En la asociación empleo mis potencialidades en un empeño útil y humano. A ella llegué humildemente, a raíz de mi estado, después de cinco operaciones y quedar ciego por glaucoma”, dice quien es ejemplo para aquellos que no creen en la adversidad.

A este hombre la Anci y sus dos hijos y dos nietos le renuevan por minutos la vitalidad de esa luz interior que les distingue, en una nación como Cuba, donde ser ciego no es soledad ni abandono.

Es que tiene la virtud de cautivar a sus semejantes por esa sabiduría innata, de gusto por el diálogo profundo, pensamiento diáfano, afable y alegre, por estar siempre al servicio de los demás; y ese sexto sentido para ver con los ojos del alma, constituyen bastones que guían sus pasos por la vida.

Casi adolescente llevó la luz del saber a los campesinos de Baracoa como alfabetizador, una de las tareas que guarda con gran cariño, quizás por su intacta vocación de maestro, de los formados en la antigua Escuela Normal de Santiago de Cuba, donde conoció a Frank País y a Pepito Tey.

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Asistir como delegado al IV Congreso del Partido Comunista de Cuba y tener una apasionada capacidad para defender la Revolución en cualquier tribuna, son trazos de la rica trayectoria de este cubano íntegro.

“Desde el 28 de septiembre de 1960, cuando Fidel llamó a formar los Comités de Defensa de la Revolución (CDR), estoy en vigilia permanente cuidando la Patria como la niña de mis ojos”, confiesa quien fue miembro del secretariado provincial en Santiago de Cuba.

“Soy de procedencia muy humilde. Nací en 1940 en Minas de Ponupo, La Maya, y considero los CDR mi primera escuela revolucionaria, la que forjó mi espíritu combativo.

“A esa organización le debo conocer bien a las personas, saber la hora exacta para tratar asuntos y encomendar misiones, en un contacto siempre espontáneo, sincero”, expresa. Tal vez por eso abundan los saludos a su paso y Cuevas conoce por la voz a aquellos que le profesan tanto respeto.
Y es que este sencillo cubano vive en una sociedad que lo tiene en cuenta.

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