Ley Helms Burton

Cienfuegos, 9 may  (ACN) Las fortunas, en terrenos e inmuebles, de los multimillonarios  en Cienfuegos, cuyos descendientes pretenden reclamar mediante la Ley Helms Burton, fueron ilegítimas, por ser obtenidas mediante el sudor y sangre del trabajo esclavo y de posteriores generaciones de cubanos explotados por el capitalismo antes de 1959.

Andrés García Suárez, historiador y periodista, quien presenció el proceso de nacionalización a principio del triunfo revolucionario, declaró a la Agencia Cubana de Noticias que en esta región se concentró un grupo de emigrantes de diferentes nacionalidades, como es el caso más conocido de Tomás Terry Adams.

Aseguran que llegado de Venezuela " en alpargatas", luego Terry construyó un fabuloso tesoro, tan enorme que prestaba financiamiento con intereses a gobiernos vecinos.

Otros que hicieron una fortuna "de la nada" fue Nicolás Castaño y Capetillo un español banquero y comerciante, "y su esfera de acción se extendió a toda la república y aún al extranjero" según reflejó el Diccionario Biográfico de Cienfuegos, de Luis E. Bustamante, publicado en 1931.

Sin embargo, uno de los apellidos que más saquearon a Cuba fueron los Fallas Gutiérrez, que asociados a otros inversionista desplegaron sus tentáculos sobre la industria azucarera, extensiones de terrenos, bancos y  compañía de seguros, entre otros activos.

Por ejemplo, el grupo oligárquico de la familia Falla Gutiérrez- Monasterio, estrechamente vinculado a los gobernantes más represivos  como Gerardo Machado y Fulgencio Batista, organizaron de tal forma su dominio  en la región que todo lo devengado por los obreros regresaba  a los bolsillos de los ricos, mediante el sistema de compra por vales en las tiendas del batey.

Explicó el investigador que ese tesoro se erigió  en parte sobre la especulación en la bolsa de valores de Nueva York a donde  los ricos comerciantes y acaudalados banqueros cubanos timaban hasta a los propios capitalistas norteamericanos.

Ahora el biznieto Nicky Gutiérrez, descendiente de los Castaños y de los Fallas Gutiérrez, reclama vía capítulo III de la Ley Helms Burton todas las riquezas abandonadas a su libre albedrío por sus antecesores al triunfo de la Revolución Cubana, y cuyo erario se extiende -a su saber- desde la Ciénaga de zapata hasta el Escambray, y desde el centro de Cienfuegos hasta Villa Clara, acotó García Suárez.

El central Manuelita, una de las propiedades  en posible reclamo, había perdido a su dueño Pedro Monasterio, fallecido en 1956, y su sobrino José Antonio, quien era apoderado y conducía el ingenio se había ido a España, de donde no regresó, por lo que al triunfo de la Revolución Cubana solo hay un administrador al frente de esa industria que estaba prácticamente como barco a la deriva.

Este es posiblemente el único ingenio que ha molido ininterrumpidamente 188 zafras en Cuba, desde su fundación en 1830 con el sudor y sangre africana, bajo el látigo del mayoral, y luego con el abuso y explotación de los obreros, quienes protestaron en varias ocasiones.

Una de esas huelgas tuvo lugar en "Manuelita" por las demandas de mejoras en las condiciones laborales, aumento de salario, seguro social,  condiciones higiénico sanitarias y de viviendas, porque la mayoría de los trabajadores vivía en barracones y cuarterías, a pesar de las ganancias jugosas que obtenían los dueños del central, en esa época los Falla-Gutiérrez.

Los más de 400 trabajadores azucareros del otrora "Manuelita", hoy central 14 de Julio, los técnicos y especialistas bancarios, y los cienfuegueros todos, laboran y viven sin que la trasnochada ley les quite el sueño.

Eso sí, algunos se preguntan, porque nadie sabe, qué hará Nicky Gutiérrez para llevarse  hacia Miami el Paseo del Prado de Cienfuegos, reconocido como el más largo de Cuba y mucho más ahora que -con el gran movimiento constructivo por el bicentenario de esta ciudad marinera-, a esa, la principal arteria de la urbe, le agregaron dos cuadras más.

Y  sobre todo porque los cienfuegueros no permitirán que una ley malévola e imperialista venga a tocar ni una escultura, ni una farola, ni un árbol de los que crecen tranquilamente en esta ciudad.

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