La Habana, Domingo 17 de Diciembre de 2017 02:29 pm

 ACN Hoy  ALBA-TCP    Elecciones                                                                  Otros sitios de ACN    Fotografia          Radio

 
  

Imágenes prohibidas… cadáveres públicos

Compartir :
Tamaño letra:

Este comentario no lleva imágenes de apoyo porque, simplemente, no puede llevarlas. Hay un límite —o debería haber un límite— entre lo que es público y lo que es personal; lo que puede gritarse a los cuatro vientos y aquello que es preciso callar porque hay cosas que deben mantenerse si no en silencio, al menos en la intimidad.

Este comentario no lleva imágenes de apoyo porque, simplemente, no puede llevarlas. Hay un límite —o debería haber un límite— entre lo que es público y lo que es personal; lo que puede gritarse a los cuatro vientos y aquello que es preciso callar porque hay cosas que deben mantenerse si no en silencio, al menos en la intimidad.

Sin embargo, por alguna morbosa razón, esas cosas tan íntimas salen a la luz, como sucedió días atrás con las imágenes del joven que fue atacado por un tiburón en Guardalavaca. No quería hablar más de este hecho, pero lo sucedido luego reveló una conducta grosera, cruel e insensible, respecto al dolor y sufrimiento ajenos, que se va tornando peligrosamente habitual en nuestro entorno social.

Cuando uno busca culpables, la culpa cae casi siempre sobre Internet, las nuevas tecnologías y los dispositivos móviles, como si detrás de cada imagen no estuviera la decisión humana (o inhumana, diría yo) de encuadrar y apretar el obturador, ya no para dejar constancia del hecho en sí, sino para compartir la fotografía con amigos y desconocidos, publicarla en las redes sociales y ser parte de esa marea amarillista que, contrario a lo que algunos creen, no nos hace más ni mejor informados; apenas nos convierte en peores personas.

 ¿Qué sentido tiene distribuir en Internet y de celular en celular las fotos de la mordida del tiburón en el cuerpo de la víctima? Tengo la impresión de que hay gente a la que le gusta presumir de tener esas fotos en su poder y mostrarlas a todo el mundo, como diciendo: ¡Traigo la última!, olvidando que la sensibilidad es un asunto de humanos (y, como es evidente, la insensibilidad también).

¿Por qué razón, incluso, las fotos del joven en la morgue del hospital andan desperdigadas en la red de redes? ¿Acaso no existen regulaciones institucionales para impedir que se propaguen fuera del expediente en el que, de merecerlo, deberían quedar confinadas? ¿A qué abismo fueron lanzados los códigos de ética y las normas más elementales de respeto y sentido común? Y pregunto además: ¿Quién tiene el derecho de divulgar algo tan personal, tan privado, sin ningún tipo de miramiento, sin ningún recato, menospreciando, incluso, el dolor de una madre que acaba de perder a su único hijo?

Me han dicho —de manera extraoficial— que una comisión dictaminó sanciones para los implicados, y eso es lo lógico, lo sensato y lo esperado. En varios países del mundo, esta violación de la privacidad individual recibe todo el peso de la ley, a veces con una multa millonaria y otras tantas con la cárcel. Así debería suceder en Cuba, donde la permisividad ante hechos de este tipo y el irrespeto a la legalidad han rebasado los límites.

El caso del tiburón es quizás el más reciente, pero no se trata de un hecho aislado, y esa es otra peligrosa arista del problema, porque por algún extraño motivo se están haciendo públicas las imágenes de cuanto crimen ocurre, en ocasiones, con víctimas y malhechores incluidos.

¿Dónde queda el control institucional de esos documentos? ¿Será que dichas instantáneas forman parte de expedientes de dominio público? ¿Quién se responsabiliza ante los familiares y amigos de una persona cuyo cuerpo inerte tiene más avistamientos que el Paquete Semanal?

Lo digo no solo por mí, sino por cualquiera de nosotros. Lo digo por usted mismo que me está leyendo ahora: ¿le gustaría que, una vez muerto, su cuerpo fuera objeto de la curiosidad colectiva? A ver: a lo mejor usted es de los que piensa que después de muerto, qué más da. Entonces yo le pido que no se enfoque en usted, y piense en un hijo suyo, o en una persona muy querida. Imagínese en esa situación...

¿Qué sentiría al ver a esa persona tan cercana en el celular de su compañero de trabajo, convertida en un cadáver público? ¿Cree de veras que no merece castigo quien actúe de ese modo, como si sus actos no tuvieran consecuencias? Yo creo que sí, como merece un castigo ejemplarizante todo el que contribuya a propagar esas imágenes prohibidas con la justificación de que, tras la llegada de Internet, entre cielo y tierra no hay nada oculto.

Por culpa de esos comensales del morbo más vulgar, y por culpa, además, de algunos padres y maestros irresponsables es que hoy hay niños que les han mostrado en sus tablets a los compañeritos de la escuela las imágenes de la mordida del tiburón, mientras en el barrio los mayores comparten los videos de los más execrables homicidios.

Esas imágenes que vemos con curiosidad, asombro o repugnancia —¡pero las vemos!— van horadando nuestro pensamiento, se incorporan a nuestro imaginario sin ficciones de por medio, y hechos tan brutales comienzan a verse si no como buenos, al menos como normales, y ahorita nuestros hijos puede que no jueguen al policía y al ladrón, sino al hombre que degüella a otro, con una naturalidad que mete miedo.

En Cuba ocurren crímenes y asesinatos, como en todas partes, aunque, según las estadísticas, los índices de violencia aquí son menores con respecto a los de muchas otras naciones del mundo. Y esa certeza es otra de las enormes conquistas revolucionarias. Pero si las imágenes de esas muertes se esparcen como pólvora sin castigo, y el dolor ajeno deja de importar, y el morbo infame puede más que el respeto a la privacidad de los demás, flaca será esa conquista, y durará muy poco si permitimos que nuestra cotidianidad se convierta en una indolente Película del Sábado.

Escribir un comentario

No se admiten ofensas, frases vulgares ni palabras obscenas.
Nos reservamos el derecho de no publicar los comentario que incumplan con las normas de este sitio

Código de seguridad
Refrescar