La Habana, Sábado 22 de Julio de 2017 06:52 am

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Los jóvenes y el deseo permanente de ser útiles

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Debemos demostrar siempre dedicación, compromiso y capacidad para alcanzar más triunfos, con inteligencia y fidelidad a las esencias. No importa si algunos se hacen los pinchos en el pelo, usan pantalones a la cadera o prefieren el reguetón. Lo más significativo es el orgullo inmenso de ser cubanos y el deseo de aportar, como cultivadores de la belleza, entendida como afán de perfección, bondad y pasión por el trabajo, la historia y el país.

A veces deseo que los días sean más largos o yo no necesite dormir, descansar. Anhelo estar en muchas partes, siempre activo, para aportar, por eso me esfuerzo al máximo con la única pretensión de superarme como profesional y persona, de ser mejor en todos los aspectos.

Siento un orgullo tremendo cuando comparto con otros muchachos, que hablan también de sus deseos de ser útiles y ansias de saber y hacer más.

Hace poco conversé con varios que fueron mis compañeros en el preuniversitario, hace siete años. No los veía desde aquella etapa, por eso la alegría fue mayor. El diálogo comenzó con abrazos y se intercalaban anécdotas y bromas del pasado, recuerdos de la etapa en la escuela, cuando compartimos frente a la pizarra, en la beca y en actividades deportivas.

Allí estaban ellos, ahora doctores, abogados, ingenieros, licenciados en Estomatología…, con las mismas sonrisas de antes, pero con más madurez y un tono especial en la voz cuando hablaban del trabajo.

Algunos siguen fieles al béisbol en las tardes, y tal vez hasta traten de repetir los jonrones y buenas jugadas realizadas rara vez en el IPVCE Silberto Álvarez Aroche, de Granma, donde efectuábamos copas, algo así como nuestras series internas, que incluían mucha emoción, peñas deportivas en los albergues, bancos, pasillos y otros lugares del centro escolar.

Su entusiasmo era mayor por el reciente éxito del conjunto de la provincia, también conocido como Alazanes, que participa en la Serie del Caribe en representación de Cuba.

Hablamos durante más de una hora sobre nuestros sueños cuando estábamos en duodécimo grado y acerca de lo hecho por cada uno en los últimos años, también sobre los pasos de otros amigos, muchos de los cuales son excelentes profesionales y ayudan como internacionalistas en otras naciones.

Durante la conversación, pensaba en más muchachos con valores admirables en industrias, oficinas, campos… Varios están entre los más sobresalientes de sus colectivos u ocupan puestos de dirección y jamás dicen “no puedo”, a pesar de la complejidad de los retos.

Hace algunos días, Federico Hernández Hernández, miembro del Comité Central del Partido y primer secretario en Granma, convocó a una nueva etapa de trabajo en este oriental territorio para alcanzar la sede del acto nacional por el 26 de Julio, inspirados en las ideas y el ejemplo de Fidel Castro, Comandante en Jefe y Padre Grande de las actuales generaciones de cubanos, quien siempre confió mucho en el poder del pueblo y especialmente de las nuevas generaciones.

En el encuentro, realizado en el teatro Bayamo, cerca de la emblemática Plaza de la Patria, donde el pueblo granmense realizó la vigilia de homenaje al líder histórico de la Revolución cuando sus cenizas descansaban en esta ciudad Monumento Nacional, percibí el compromiso de todos, incluidos muchos jóvenes, la fuerza y el deseo de lograrlo y seguir la conquista de más triunfos.

La complejidad de los tiempos actuales exige el aporte de todos, con unidad y a favor de ese equipo grande que es el pueblo de Cuba. Para el presente y futuro de la nación es fundamental que las nuevas generaciones seamos en todo momento parte de la vanguardia en cada actividad y proceso.

Debemos demostrar siempre dedicación, compromiso y capacidad para alcanzar más triunfos, con inteligencia y fidelidad a las esencias. No importa si algunos se hacen los pinchos en el pelo, usan pantalones a la cadera o prefieren el reguetón. Lo más significativo es el orgullo inmenso de ser cubanos y el deseo de aportar, como cultivadores de la belleza, entendida como afán de perfección, bondad y pasión por el trabajo, la historia y el país.

Eso implica disposición, valor y deseos permanentes de superación en lo personal y colectivo, evitar el sedentarismo intelectual para ser también mejores ciudadanos, no unos que solo aprueben o critiquen, que aplaudan o bajen la cabeza, sino que piensen, reflexionen, y, sobre todo, busquen soluciones y las conviertan en realidad, junto a las personas de más experiencia, con pleno conocimiento de la historia y apego a los ideales y ejemplo de nuestros héroes.

Tomado del blog Mira Joven (Cuba)

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