La Habana, Sábado 23 de Septiembre de 2017 04:10 pm

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Enseñar a captar y a decantar

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Ante la avalancha de información que reciben nuestros niños/as y jóvenes, nuevas responsabilidades adquiere la familia en el desarrollo de un pensamiento crítico.

Mucho se habla de las transformaciones que se deben producir en la familia cubana para atemperarse a las nuevas circunstancias. La creciente influencia foránea en nuestra cotidianidad, las nuevas tecnologías, un espectro más amplio de opciones de consumo cultural, la diversidad desde el punto de vista económico y social…, son algunos de los retos que imponen los tiempos que corren.

Ante ellos, la familia como primer ente socializador, debe preparase y preparar a sus integrantes para afrontar los desafíos, y para lograrlo es fundamental desarrollar desde las primeras edades un pensamiento crítico.

La capacidad para enfrentar de manera racional un entorno plagado de opciones diferentes, tratar de entender las disyuntivas que se puedan presentar, razonar y pensar con lógica, analizar, juzgar las situaciones adecuadamente y tomar las decisiones más acertadas, es algo que se puede y se debe ir formando en el entorno familiar.

De por sí, el ser humano es cuestionador, si tenemos en cuenta que desde los tres años ya se comienza a preguntar el por qué de las cosas.

Hoy no podemos confiar ciegamente en la labor educativa de los medios, dada la diversidad de fuentes que existen. Algunos mensajes van dirigidos a deformar valores, incitar el consumismo, descontextualizar, fragmentar la información y otros atentados a la ética. En productos comunicativos que actualmente tenemos al alcance de nuestros infantes y jóvenes en casa, se ha abierto una brecha entre la manera en que se plantean los contenidos y la realidad objetiva, para lo cual se emplean las más modernas técnicas de seducción mediática y un lenguaje que adormece a quienes están frente a la pantalla. Es por eso que hay que educar en las nuevas generaciones la capacidad para desmontar, interpretar y decodificar los mensajes.

Otro problema enfrentamos con el uso de las nuevas tecnologías. Los infantes y jóvenes las asumen como algo inherente a la vida misma.

Nadie cuestiona la capacidad de entretenimiento de los videojuegos, sin embargo no siempre resulta fácil detectar los mensajes nocivos que encierran como es el uso de la violencia o la creación de estereotipos propios de una cultura del consumo. Y qué decir de la Internet y las cada vez más famosas redes sociales, en las que con la envoltura de la socialización, se pueden encontrar los más increíbles despropósitos.

Recientemente la juventud cubana dio muestras de un desarrollo del pensamiento crítico cuando fue capaz de identificar los verdaderos propósitos de unas “bondadosas e inocentes becas de superación” que les ofrecían.

Se imponen entonces dos preguntas: ¿Están padres, madres y los adultos de casa listos para enseñar a las y los jóvenes a tener una mirada crítica ante estos fenómenos? ¿Saben qué hacer para fomentar en ellos y ellas la capacidad de análisis?

¿Qué hacer?

Para el desarrollo del pensamiento crítico es fundamental la información. Hay que incitarlos a aprender y aprehender todo cuanto tienen a su alcance. Darles la posibilidad de conocer el mundo que nos rodea. Fomentar la lectura, la investigación, profundizar en el significado de las cosas, las causas y los efectos, será uno de los pilares en los cuales se sostendrá el propósito.

Otro baluarte para formar personas con una desarrollada capacidad de análisis es la educación en valores éticos. Darle importancia a la honradez, el respeto, la justicia, la igualdad, la tolerancia, la libertad, la honestidad, la responsabilidad, la humildad… le permitirá ir diferenciando lo “bueno” de lo “malo”.

También es posible adiestrarlos en la habilidad para seleccionar la idea central y evaluar a través de qué recursos se nos ha hecho llegar y viceversa. Hacerle comprender que “el fin NO justifica los medios” y que en ocasiones el “lobo puede tener piel de oveja”.

Disfruten juntos de películas, series, programas informativos o cualquier otro, e invítelos/as a debatir sobre los temas, personajes o situaciones, enséñenles a cuestionar, relacionar hechos, evaluar diferentes opciones o puntos de vista y no a ser meros receptores de mensajes que tienden a homogenizar la realidad.

Permítales cuestionar. El pensamiento crítico se nutre de interrogantes. Incite y premie su curiosidad, ofrézcales criterios para analizar, no les dé el análisis ya elaborado. Ayúdelos a criticar lo que no funciona y a reconocer lo que sí lo hace.

Edúquelos en la racionalidad y la lógica, libres de prejuicio y estereotipos. El sentido común es decisivo para apostar por las mejores decisiones. La interpretación de los hechos y situaciones, expresar sus opiniones aun cuando son diferentes a la del resto, buscar argumentos, defender puntos de vista con la flexibilidad necesaria, son ejercicios cotidianos para conseguir el desarrollo de un pensamiento crítico.

La familia debe convertirse en mediadora de ahí que los adultos de casa deben ser capaces de sugerirles a los más jóvenes en qué fuente puede encontrar una información más fidedigna u ofrecer variantes de opciones para emplear el tiempo de manera más provechosa.

Vivimos en una época en que no basta solo la información, la labor debe orientarse a provocar la organización, discriminar y seleccionar aquellos productos de mayor calidad cultural; aprender a detectar los intereses económicos, políticos e ideológicos que están detrás de toda empresa o producto mediático. En fin propiciar la gestión del conocimiento.

Si conseguimos educar a nuestros hijos/as para que sean críticos, estos serán capaces de formarse un criterio propio y podrán ir tomando sus propias decisiones en las distintas situaciones que se le presenten en la vida.

(Tomado de En familia: Un blog para la gente de casa)

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