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Con enormes retos, dificultades, deficiencias internas e intentos de estrangulamiento por el gobierno norteamericano se ha tenido que batir la economía cubana en el primer semestre del 2021, más allá de los que cualquier nación del orbe ha sufrido solo con el impacto de la pandemia y de la crisis económica mundial, de por sí graves.

Han sido tan cruentas esas adversidades creadas por el ensañamiento de Estados Unidos con las 243 medidas restrictivas impuestas durante la administración de Donald Trump contra Cuba, el rebrote de la COVID-19 en su momento pico, y por la escasez de recursos de todo tipo, que difícilmente algún otro Estado pudiera sobrevivir ante similar o aproximado escenario.

Por si fuera poco, el imperio puso al país en la espuria lista de naciones promotoras del terrorismo, con lo cual le afecta su comercio exterior, persigue a navieras que transporten combustible a La Habana y desencadenó una campaña internacional con todo ingrediente de subversión, odio y manipulación, evidenciados en los disturbios del 11 de julio último.

Según Alejandro Gil Fernández, vice primer ministro, si el 2020 significó 2 mil 413 millones de dólares menos que lo ingresado en 2019, principalmente a causa del bloqueo recrudecido que impide toda fuente de ingresos al país, y, por supuesto, por la pandemia, que trajo afectaciones al turismo y a otros sectores de la economía, en lo que va de 2021, por iguales causas, ya son 481 millones de dólares menos que los captados en el primer semestre de 2020.

Por ello es muy probable que este año los ingresos en divisas también sean menos que los del pasado año, acotó el titular de Economía y Planificación, en reciente mesa redonda.

En permanente combate por la vida, el presupuesto del Estado en lo que va de año ha asumido cinco mil 772 millones de pesos por gastos asociados al enfrentamiento a la COVID-19, en el contexto –como ha recalcado Gil Fernández- de una economía sin fuentes de ingresos.

Tal monto ha sido en garantías salariales a los trabajadores interruptos; en la compra de medicamentos, alimentos, materias primas y materiales de distintos tipos, y en el consumo de electricidad, agua y otros servicios.

Más allá del Ordenamiento de la economía y la sociedad

En un momento signado por las adversidades antes mencionadas, e incluso de escasa disponibilidad de ofertas, el primero de enero de 2021 comenzó a implementarse en toda Cuba el Ordenamiento monetario y cambiario, uno de los procesos económicos más complejos asumidos por la nación, orientado a estimular el desarrollo y la participación articulada de todos los actores.

Forma parte de la Estrategia Económica y Social y del Plan de Desarrollo Económico y Social hasta 2030, dado que sus propósitos son ordenar la economía y hacerla más transparente, superar la mentalidad importadora y propiciar la exportadora, buscar la eficiencia y distribuir, de acuerdo con el principio socialista de que quien más aporte y trabaje, y lo haga eficientemente, gane más.

Sin embargo, en sus inicios tuvo sus tropiezos, incluso en el de dar tratamiento diferenciado a las personas vulnerables bajo el principio de justicia social, pero sin igualitarismo.

Lo cierto es que la devaluación del peso cubano frente al dólar, la rápida subida de los costos y su traspaso a los precios, han sido de los impactos que ha enfrentado la economía cubana en el primer semestre, aunque no todo es consecuencia de la Tarea Ordenamiento, pues desde mucho antes del Día Cero ya se venían dando fenómenos derivados del bloqueo y de la pandemia, asociados, por ejemplo, a la escasez de alimentos, materias primas, combustibles y otros recursos.

Revisión de precios mayoristas descentralizados, de acopio y minoristas y de las inconformidades recibidas con la escala salarial, la revaluación de núcleos vulnerables y beneficiarios del Sistema de Atención a la Familia y el tratamiento a empresas y cooperativas con situación financiera desfavorable, fueron de los asuntos que hubo que atender de inmediato.

Al calor de la actualización de la Estrategia económica y social se ha priorizado la producción de alimentos, el sistema de incentivos a las exportaciones, la implementación de medidas para potenciar la empresa estatal como principal dinamizadora de la economía, la generación de empleos en el sector productivo, la ampliación del sector no estatal y la estabilidad de los precios.

En mayo el Consejo de Ministros aprobó el perfeccionamiento de actores de la economía cubana como las micro, pequeñas y medianas empresas (Mipymes), las cooperativas no agropecuarias y el trabajo por cuenta propia, convocados todos a impulsar –desde su ámbito- el desarrollo de la nación, junto a la empresa estatal socialista y para lo cual cuentan ya con las correspondientes normas jurídicas que respalden su implementación.

Por otra parte, en los primeros seis meses de 2021 se avanzó en la corrección de distorsiones salariales y de precios; así como en la descentralización de facultades para formar estos últimos.

También ha sido alentador que decenas de miles de compatriotas buscaran empleos, fundamentalmente en entidades del Estado, y que muchas de estas rediseñaran sus procesos, en aras de la eficiencia.

El bloqueo va a seguir, y no podemos continuar lamentándonos con el bloqueo. Lo que tenemos que ver es cómo, con nuestro esfuerzo y nuestro talento, superamos ese bloqueo y hacemos las cosas de forma distinta, sabiendo que no es fácil, pero tenemos que encontrar los caminos, les dijo hace unos días el Presidente de la República a un grupo de economistas y de estudiantes, como parte de sus encuentros con representantes de diversos sectores.

Nosotros también tenemos luces, afirmó al recordar las recientes medidas y otras anteriores que tendrán un impacto, más temprano que tarde, en el comportamiento de la economía nacional y en el bienestar de la población.

Entonces detalló las acciones adoptadas en la agricultura; la pronta apertura de las Mipymes; las inversiones en el Sistema Eléctrico Nacional, incluida la flexibilización para la importación, sin aranceles, de equipos que aprovechan las fuentes renovables de energía; el desarrollo de vacunas contra la COVID-19 que beneficiarán, en primer lugar, a nuestro pueblo; y la esperada reanimación de la actividad económica, tanto del sector estatal como no estatal.

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